jueves, 31 de mayo de 2012

Más diputadas o ministras, la misma explotación


Por Kely Núñez

“La historia nos enseña que es necesaria una revolución que altere radicalmente las relaciones socio-económicas, para extirpar la causa de las desigualdades y obtener una plena emancipación de nuestro sexo. Este es el fin prometido por el programa socialista por el que nosotras luchamos.” Evelyn Reed

Hace unas semanas se aprobó en el Congreso Nacional la “Ley de Igualdad de Oportunidad para la Mujer” y se ha enarbolado una feroz campaña haciendo creer que se han abierto más espacios políticos, para la mujer; que la opresión de la que tanto hablamos es cosa del pasado y que con ello las mujeres estamos en igualdad con los hombres. Hacia ese punto nos conduce el feminismo-burgués, al insistir que haya más mujeres presidentas, diputadas, alcaldesas, y el problema fundamental no erradica en eso, sino más bien en nuestra condición de clase social.
La burguesía, solo ve en hombres y mujeres un medio de acumulación de plusvalía y eso es lo que amplía las desigualdades entre hombres y mujeres, y lo vemos en las desigualdades salariales. En Honduras según datos del (INE) durante el 2011, por cada 6,651 lempiras de salario que devengaba un hombre, la mujer percibía 5,866 lempiras, por el mismo trabajo. Así, la existencia de sectores oprimidos y marginados es el resultado de un sistema que se basa en la desigualdad y la división: en una sociedad dividida en clases y en un sistema económico asentado en la explotación.  Si bien, la opresión de la mujer no nace con el capitalismo, en el marco de su actual crisis aprovechará la opresión de la mujer para profundizar la explotación y revitalizarse.


A finales del siglo XIX e inicios del siglo XX con el movimiento sufragista, por el voto femenino y la participación política, el rol central lo jugaron las mujeres burguesas, pero también participaron las socialistas, quienes marcaron una diferencia notoria en el programa, Clara Zetkin, posicionó la perspectiva de clase: “Aunque las mujeres consiguieran la igualdad política nada cambia en las relaciones de fuerzas. La mujer proletaria se pone de parte del proletariado y la burguesa de parte de la burguesía. No nos hemos de dejar engañar por las tendencias socialistas en el seno del movimiento femenino burgués: se manifestarán mientras las mujeres burguesas se sientan oprimidas, pero no más allá…”

Hay mujeres explotando a otras mujeres y son las mismas que optan al poder, puesto que, la participación política de la mujer se ve en gran medida limitada, debido a la gran carga doméstica sin remuneración, además de nuestra carga laboral. Las mujeres de la burguesía pueden compartir su opresión machista y patriarcal, pero estas no sufren la explotación económica, puede ser que en algún momento den aparentes concesiones democráticas, como el aborto seguro y gratuito, pero aun así estas nunca se van a fijar la destrucción del capitalismo y la sociedad, en ese sentido no resulta sencillo decir hay que votar por ellas por el simple hecho de ser mujeres. No es el género quien estructura la sociedad, como tampoco creemos que la salida sea ampliar la democracia bajo el sistema capitalista. Lenin lo veía así: “No importa cuanta democracia haya bajo el capitalismo, la mujer continuará siendo una “Esclava doméstica”, encerrada en el cuarto, en la cocina… Los marxistas saben que la democracia no suprime la opresión de clase. Cuando más democrático sea el sistema de gobierno, más claramente los obreros verán que el mal de fondo es el capitalismo, no la falta de derechos”.

Por eso, aunque reivindicamos la participación de la mujer, el hecho de ser gobernados por el 50% de mujeres no implica una diferencia sustancial, no, si esas mujeres responden a los intereses de la burguesía. Eso lo pudimos comprobar en el pasado golpe de Estado, donde ninguna de las mujeres golpistas se solidarizó con las mismas de su género que fueron de los sectores más reprimidos. En la medida que veamos nuestra lucha como la lucha del explotado-explotada contra el explotador–explotadora y no una lucha de la mujer contra el hombre, estaremos un paso adelante en la emancipación de nuestro sexo.
Por ser la mayoría el sector que más sufre la explotación capitalista nuestra tarea más importante es la de organizar un verdadero movimiento de mujeres, que de la lucha en las calles que exija a los compañeros de su misma clase, la clase trabajadora la incorporación de la lucha contra la opresión de la mujer en el programa por una sociedad sin explotación, sin opresión, ni clases sociales, por una sociedad socialista, es por eso compañera que las mujeres del PST la invitamos a forjar un partido revolucionario de hombres y mujeres que hombro a hombro, luchemos por erradicar el capitalismo,  comenzando a enfrentar la opresión de la mujer desde el seno de nuestra organización.