lunes, 29 de abril de 2013

El primero de mayo y la necesidad del partido obrero revolucionario

Por Andrés Militante

“Al dirigirme al tribunal lo hago como el representante de una clase frente a la otra clase enemiga… mi defensa es vuestra acusación; Mis pretendidos crímenes son vuestra historia”. Augusto Spines.

La lucha fundamental del movimiento obrero desde sus orígenes, abarcando todo el siglo XIX será la de la reducción de la jornada laboral a 8 horas (8 horas para dormir, 8 para trabajar y 8 para descansar), la jornada laboral obrera solía llegar normalmente a 12, 14 y hasta no pocas veces sobrepasaba las 18 horas diarias.

En el I Congreso de la Asociación celebrado en Ginebra (Suiza) en septiembre de 1866, se impone la propuesta de los partidarios de Marx de proponer las 8 horas diarias de trabajo como reivindicación de los trabajadores, frente a la tesis proudhonista de las 10 horas de trabajo.

Desde mediados del siglo XIX hasta buena parte del siglo XX, la lucha por las 8 horas será la bandera fundamental de la clase obrera por la conquista de mejoras y el arma para arrebatar a la burguesía a un duro costo, los pocos avances que el proletariado ha logrado conquistar.

Así llegamos al 1 de mayo de 1886, por toda la nación norteamericana la movilización obrera es masiva y contundente, especialmente en Chicago, corazón industrial de Norteamérica en donde las condiciones de trabajo eran particularmente duras y donde a su vez el movimiento obrero había logrado una férrea unidad de combate en torno a la Unión Obrera Central; todo el día la acción obrera paraliza a la ciudad de Chicago, menos la tristemente célebre fábrica de segadoras Mc Cormick, que con esquiroles mantiene las actividad. Ante esto los trabajadores de la ciudad deciden convocar manifestaciones cerca de dicha fábrica para solidarizarse con los obreros en huelga y combatir a la peste antiobrera de los esquiroles. Se realizan
grandes protestas el día 3 de mayo frente a la fábrica Mc Cormick pese al sabotaje de los esquiroles a la protesta obrera y al terminar el mitin la policía junto a los esquiroles disparan a quemarropa sobre los obreros resultando 6 muertos y decenas heridos.

El 4 de mayo se convoca una manifestación Gigante en Haymarket Square, durante el mitin un agente provocador lanza una bomba y mata a un policía y hiere a varios, esto será usado por la reacción y la burguesía para justificar una feroz represión y encarcelar a sus principales dirigentes, ejecutándolos en un juicio descaradamente amañado.

Los principales dirigentes de las jornadas de lucha obrera serán detenidos: “Samuel Fielden, Oscar Neeb, Michael Schwab, Georg Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons, August Spies, Louis Lingg.

A propósito de los acontecimientos, José Martí (corresponsal del periódico argentino La Nación en Chicago) testigo de excepción de la muerte de los héroes de Chicago da el siguiente testimonio: ...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable...”

Tres décadas más tarde la sangre de Chicago será vengada, el 7 de noviembre de 1917, la bandera roja del proletariado será izada en Petrogrado y Moscú, la clase obrera construirá la primera revolución obrera triunfante, se establecerán las 8 horas de trabajo diarias, se conquistaran los sueños por los cuales murieron los mártires de Chicago y el primero de mayo será la fiesta nacional de la primera nación de los proletarios. El 1 de mayo el día más gloriosos y hermoso del año.

El partido revolucionario, una necesidad histórica de la clase obrera.

La historia ha constatado que la clase obrera ha dado muestra de un alto de nivel de combatividad y pujanza, hemos visto desde activos mítines, hasta huelgas insurreccionales, pero, por muy heroicas que sean sus luchas, la clase obrera no podrá cumplir su misión histórica, es decir, la toma revolucionaria del poder sino construye un fuerte y poderoso partido revolucionario. Pueden incluso, darse triunfos revolucionarios pero si estos, no son dirigidos por el partido obrero que conduzca la revolución con un programa socialista, anticapitalista y antiimperialista, ese triunfo siempre estará en peligro al ser dirigido por corrientes pequeñoburguesas o por partidos burgueses disfrazados de socialistas como lo es LIBRE, que por naturaleza, son hostiles a los métodos y programa de lucha de la case trabajadora.

En Honduras, esta tarea la ha iniciado el Partido Socialista de los Trabajadores PST, miembro de la Liga Internacional de los Trabajadores, Cuarta Internacional (LITCI). Es absolutamente incoherente llamarse simpatizante de los cambios revolucionarios y no asumir la tarea de construir el instrumento político que hará posible estos cambios. A la burguesía no se le derrocará con líricas arengas revolucionarias ni siquiera con extraordinarias luchas gremiales por muy radicales que estas sean, a la burguesía sólo se le puede derrocar construyendo un partido altamente disciplinado, democrático, combativo al punto que no detenga su accionar hasta destruir al capitalismo y al imperialismo no sólo dentro de las fronteras nacionales sino en todo el planeta, por eso somos internacionalistas y estamos organizados en la LITCI.

No profesamos ningún socialismo del siglo XXI, nuestro planteamiento socialista, más que una categoría temporal, es un planteamiento científico, está relacionado con la construcción del único instrumento que apoyado en el descubrimiento y estudio de las leyes atroces que hacen funcionar al sistema capitalista, ha podido edificar una teoría y una práctica revolucionaria que lo convierten en la alternativa histórica insuperable para la liberación de la clase trabajadora y la edificación del socialismo.

Llamarse revolucionario y no construir partido obrero y socialista, es como que alguien se autodenomine albañil sin haber pegado un ladrillo. No es una tarea fácil pero es absolutamente necesaria.

A todos los sectores de la clase trabajadora y simpatizantes históricos de los cambios sociales: obreros, campesinos, maestros, estudiantes, intelectuales, artistas, abogados, etc, les hacemos un llamado para integrar las filas del PST, el partido que está abierto a discutir con todos los sectores el por qué nos proponemos la construcción de un partido revolucionario, obrero y socialista y sobre todo, con qué programa y método nos proponemos hacerlo. No consideramos tener la verdad absoluta pero tenemos nuestra verdad y queremos compartirla. No es cierto que la propuesta de LIBRE agota todas las posibilidades de un proyecto revolucionario, venga al PST y discutamos la salida que proponemos y el socialismo que planteamos.