jueves, 22 de agosto de 2013

Génesis ideológica de un burócrata magisterial

Por Carlos A. Lanza

No es nada personal: cualquier coincidencia es pura casualidad


En el artículo anterior, establecimos el comportamiento de un burócrata magisterial, vimos su actitud política ante los grandes y graves problemas que tiene la base, hoy nos proponemos explicar las causas que llevan a este tipo de conducta, es decir, por qué un burócrata actúa como tal.

Partiremos de la premisa de Carlos Marx: “el ser social determina la conciencia social”. Esto significa que las condiciones materiales de existencia van conformando la visión gremial y política de un burócrata. A continuación describimos cuáles son esas condiciones:

Esas condiciones se manifiestan en un salario que entre viáticos y gastos de representación supera en algunas oportunidades el valor de una plaza de 36 horas, esto implica que un dirigente magisterial con jornada plena bien podría tener una entrada mensual equivalente a tres plazas o cercano a eso. Un salario así, automáticamente pone al dirigente por encima de la vida material de la base que se caracteriza por una profunda precariedad económica, sobre todo, porque en los últimos cuatro años no ha tenido aumento salarial. En algunas organizaciones cuando sube el salario de la base, también sube el plus o gastos de representación como si éste fuera la variable de un contrato colectivo. Además del salario extra, un dirigente magisterial tiene un horario de trabajo relajado y aunque formalmente tiene una hora de entrada y salida, en la mayoría de los casos entra cuando quiere y sale cuando quiere porque nadie controla su trabajo, cualquier intento de control lo toma como agresión política gremial de un oponente o simplemente de su compañero de junta Central. Hay dirigentes que sólo se asoman para que los vean y no vuelven a aparecer en todo el día; esta irregularidad en el cumplimiento de sus funciones y en su horario de trabajo, no se refleja en su salario extra ya que la organización le paga como si trabajara normalmente todos los días.  Esta vida de trabajo relajada dista mucho de los horarios rigurosos a que está sometido un docente con jornada plena o exclusiva quien ni siquiera tiene tiempo de comer entre jornada y jornada y cuya situación se verá empeorada con el nuevo horario de trabajo impuesto por la Ley Fundamental de Educación y sus Reglamentos. Además de lo anterior, las condiciones de trabajo de un dirigente magisterial distan mucho de las condiciones de trabajo de un compañero o compañera de base; el burócrata trabaja en espacios esplendidos y confortables: oficinas privadas, aire acondicionado, cafecito a la orden, computadoras, escritorios suntuosos y otras excentricidades que convierten al burócrata en una personalidad con rasgos pequeñoburgueses bien acentuados; cuando la base los visita en sus oficinas los ve como jefes y no como compañeros porque en muchos casos exhiben esa conducta. Agreguemos a todo lo anterior, que tienen los autos del colegio a la disposición y en muchos casos se abusa de ellos al extremo de que para hacer cualquier mandado personal utilizan los vehículos del colegio aún cuando estos se estén necesitando para tareas gremiales. Los viajes internacionales terminan redondeando la personalidad de un burócrata ya que los convierte en parte de la élite viajera del país y como ya hemos señalado, estos viajes en la mayoría de los casos sólo han servido para engordar la cuenta de ahorro de un burócrata y no han tenido mayor o ninguna incidencia en la vida de la organización.

¿Es malo que un dirigente magisterial tenga condiciones adecuadas de trabajo?


Hasta aquí sólo hemos descrito las condiciones materiales de vida en que trabaja un dirigente magisterial, no he juzgado el comportamiento personal de ningún dirigente en particular, sólo he descrito las condiciones materiales que permiten la burocratización de un dirigente. Nadie cuestiona que un dirigente tenga gastos de representación o que tenga condiciones adecuadas de trabajo, lo que cuestionamos es que ese salario extra sumado a la cartera de viáticos nacionales e internacionales que obtiene, pasen de la categoría de aceptables a desmesurados; lo que nos parece rimbombante es que los espacios de trabajo desdibujen la personalidad de un dirigente al punto de considerarse funcionario y no compañero de lucha. 

Las condiciones materiales en que se desenvuelve un dirigente magisterial no lo convierten automáticamente en un burócrata, pero si no tiene “anticuerpos”, esa realidad material se lo termina tragando y una fuerza que está más allá de su voluntad,  hace que aquel humilde compañero que vino de la base, se convierta inesperadamente en un oscuro y soberbio funcionario con ínfulas de jefe.

El compañero dirigente que gana una elección y llega a integrar una junta central no pide esas condiciones materiales, éstas le son dadas por el estatuto legal de la organización que representan y por las condiciones de trabajo que las mismas organizaciones han creado a lo largo de su proceso de desarrollo. Lo que deseo dejar claro es que las organizaciones magisteriales han creado una legislación y espacios laborales que propician el fortalecimiento de una casta burocrática que se aleja ideológica, política y gremialmente de la base.

Este estilo de vida, alejado material y físicamente de la base, hace que algunos burócratas abusen de sus privilegios y se conviertan en dirigentes con rasgos delincuenciales, es decir, que explotan a la organización como espacio para negocios sucios o parea recibir dinero a partir de transacciones amañadas; cuando se llega a este punto, no hay nada que moralice a un dirigente, está absolutamente perdido para la causa.

Desgraciadamente, las reelecciones en los cargos están determinadas por el interés de seguir convirtiendo a la organización magisterial en la fuente de sus ganancias personales.

El contacto con la base es el antídoto contra la burocratización  


Un dirigente magisterial debe tener claro que al ser electo va a un espacio de representación que lleva en su génesis los gérmenes de la burocratización, por lo mismo, la única forma de no burocratizarse es teniendo una relación orgánica y constante con la base de todo el país; debe construir su mandato con la base, debe tener la capacidad política e ideológica de ubicarse como luchador y no como funcionario. Debe asumir el compromiso de sacrificarse en el cumplimiento de las tareas alejándose a veces de manera consciente de los privilegios que le otorga el formato burocratizado de la organización que representa; una vez, un dirigente magisterial se negó a cumplir una tarea de base porque no tenía el carro de la organización disponible, le dije que ese no era problema y me dijo que sin el carro del colegio no iba a ninguna parte, me tocó viajar en bus para no dejar a la base botada. La primera tarea del día que un compañero dirigente debería de hacer en
lo posible es visitar un centro educativo, entrar a la misma hora que la base entra a trabajar y platicar con los compañeros y compañeras, compartir con ellos sus gastos de representación invitándolos a un café o ayudándolos en algunas necesidades que los compañeros tengan; la base nos hace recordar que venimos de allí, nos hace recordar el escritorio derruido del que nos fuimos, nos hace recordar el calor sofocante de los espacios cerrados e incómodos en el que muchos docentes hacen su trabajo, la base nos trasmite su dolor y angustia y eso nos hace crecer moralmente y nos fortalece al punto de no desear esas comodidades o de ponerlas al servicio de la gente que los eligió. La base y el contacto sistemático que se debe tener con ella nos liberará del capataz o del opresor que llevamos por dentro.