domingo, 3 de noviembre de 2013

Marlon Escoto, el ungido de Mel Zelaya

Por Allan Núñez.
Se acerca el proceso electoral y aun sigue abierto el debate sobre la continuidad o no de Marlon Escoto al frente de la Secretaría de Educación en el próximo gobierno. Escoto, quien llegó al cargo en marzo de 2012 tras la salida de Alejandro Ventura, rápidamente hizo olvidar las sospechas que sobre él se cernían en relación a su pública filiación con el partido Libertad y Refundación (LIBRE), convirtiéndose rápidamente en el bienamado del régimen Lobo-Hernández.
Escoto no sólo torció el brazo de la dirigencia magisterial, tan encenagada en  sus propios y turbios asuntos burocráticos, también infringió una cadena de derrotas al magisterio, las más duras en tres décadas; hizo trizas el Estatuto del Docente y llevó a cabo reformas neoliberales en el sistema educativo nacional, tan profundas como perjudiciales, como la Ley Fundamental de Educación y sus reglamentos.  En síntesis, Escoto hizo lo que en el pasado ningún otro ministro de educación se atrevió hacer.
Las victorias de Escoto han sido fulgurantes y han suscitado la incondicional admiración de la burguesía y su prensa. Más nosotros no sabemos si adscribirlas más a sus capacidades que a la absoluta inconsistencia de los dirigentes magisteriales, que por lo demás jamás han ganado una batalla.
Escoto triunfa porque la dirigencia magisterial asistió al escenario de la lucha de clases sin un plan estratégico ni político, en su lugar llevó un sueño de gloria detrás del cual ha corrido durante los últimos dos años, sin despertar. La dirigencia magisterial sueña con un gobierno de Libre, sueña que Xiomara Castro será la redentora del magisterio, algo así como la madre protectora incapaz de hacerle daño a sus vástagos. Olvidan en su plácido letargo que la historia se repite una vez como tragedia y otra como farsa. Olvidan también que los grandes enemigos vuelven a encontrar la concordia para mantener las injusticias sociales.
El Acuerdo de Cartagena implicó –entre otras cosas- la presencia de Libre en el gobierno Lobo-Hernández, y esa presencia se llama Marlon Escoto, el ungido de Mel Zelaya y el verdugo del magisterio. Por eso Zelaya eleva cirios y plegarias cuando le hablan de Escoto, se deshace en elogios y hasta le cede el beneficio de la duda en sus acciones más crueles; recientemente caracoleó afirmando que si Libre gana las elecciones no tendrían empacho en ratificar en su cargo a Escoto, previo visto bueno de la dirigencia magisterial.                

Así las cosas, ningún desenlace electoral es bueno para el magisterio y para el movimiento obrero hondureño en general. Cualquiera de los partidos que salga victorioso de los próximos comicios electorales, cualquiera sea el ministro de educación que se elija, sea Escoto o no, jamás resolverá los problemas del magisterio, por el contrario su tarea será hundirlo aún más en la zozobra y la desesperación. El único camino que le queda al magisterio para sobreponerse de la derrota y despojarse de sus enemigos de ayer y hoy, es la organización y la movilización permanente.