jueves, 30 de enero de 2014

Desenfunda tu spray y dispara

Por Andrés Militante
Tiene ganas de decir algo y no se lo permiten, no se preocupe: vaya a la esprayería más cercana y armase de dos buenos spray, uno negro y otro rojo, el contraste es bueno; podría combinar el rojo con un amarillito y no esta mal.  Bátalos bien y disparé sin miedo, deje que las palabras fluyan: “- armas + educación”, “Con las mujeres en casa la revolución se atrasa”, “Ese pendeJOH no es mi presidente”, “abajo el paquetazo”, “Turcos regresen al desierto a limpiarse el culo con arena”, en fin, diga usted lo que su conciencia le dicte. En muros o paredes frescas, recién pintadas, la pinta queda mejor; vuelva a batir el bote y la palabra se esparcirá por los aires, libre y alegre, ella buscará tatuarse en una pared y allí quedará usted con su historia pública.


Esperamos que su palabra no sea víctima de las cuadrillas cachurecas que andan borrando pintas, pero aunque le parezca increíble, LIBRE, para no quedarse atrás, para estar a la “altura de las circunstancias” ya tiene su propia cuadrilla “borra manchas”, la dirige un tal “Tito detergente” un chico de papi y mami que se avergüenza de que la resistencia haga hablar las paredes.

Pero usted no se detenga, rete a la realidad a un duelo de palabras y desenfunde sin piedad su spray, mate la censura, sepúltela con palabras. Sepa usted que en los años ochenta muchos compañeros y compañeras se jugaban la vida en una pinta, sepa usted que a mí me tocó alfabetizar políticamente a un estudiante que no entendía el conflicto centroamericano de aquella época y el chavalo leyó una pinta que decía “Centroamérica una región que vence al imperialismo”, con esa pinta lo formé, le expliqué la historia de Centroamérica y sus principales conflictos; luego el mismo compa leyó otra consigna que estaba estampada en el viejo edificio del Ministerio del Trabajo, la pinta decía “En la montaña enterraremos el corazón del enemigo” y viera ¡qué bien! me explicó el jodidito esa consigna. Le cuento todo esto para que sepan los detergenteros de oficio, de derecha y de “izquierda”, que cuando detergentean una pinta, nos están quitando el derecho al conocimiento: mientras la prensa burguesa escribe miles y miles de mentiras todos los días, nosotros tenemos apenas una pared y un spray para contar nuestra verdad. Pero bueno, que un detergentero de derecha haga esto, pues hasta cierto punto se entiende, pero que un detergentero de “izquierda” haga lo mismo, dan ganas de pintarle el lomo y ponerlo al sol todos los días con una consigna que diga “prohibido prohibir la esperanza”.

Los detergenteros de LIBRE cayeron en la burda TRANSpa de las voces oligárquicas que pusieron el grito al cielo porque la magistral obra de la Capital había sido manchada por los “vagos de la resistencia”; los detergenteros de “izquierda”, con el afán de quedar bien y de limpiar el rostro de la resistencia, corrieron a limpiar las paredes; qué inocentones los compas, no se dan cuenta que aunque hubieran borrado esas pintas con detergente de oro líquido, igual nos hubieran criticado porque para ellos siempre seremos vagos,  no soportan que el pueblo se haga poder. Sabe que dijeron cuando las pintas fueron borradas, dijeron: “vaya para algo sirvieron esos vagos”. Si a “Tito detergente” y su cuadrilla “borra manchas” no les da pena, a mí sí y no sé si a usted pero el acto de borrar esas pintas fue más ridículo que el mismo arrastre de quedar bien. 

Díganme si alguna vez los asesinos de nuestros mártires intentaron borrar con la verdad la sangre de nuestros compañeros y compañeros caídos en los años ochenta o durante la coyuntura del golpe de Estado de junio de 2009. Jamás lo hicieron ni lo harán, entonces no entiendo por qué, ustedes detergenteros de la resistencia, se asustan por una pinta en una pared !que bárbaros!

Afortunadamente no todos somos como ustedes, en la resistencia hay gente que tomará sus sprays e irán por allí de muro en muro, disparándole a la mentira con verdades entre pecho y pared. Los cachodetergenteros y los libredetergenteros no podrán nunca contra la palabra porque nadie ha podido contra la palabra.