martes, 29 de abril de 2014

1954: la huelga que necesitamos

Por Carlos A. Lanza

Han pasado 60 años de la histórica huelga de 1954; por su magnitud y trascendencia, Agapito Robleda Castro, dirigente de la huelga bananera, señala que este movimiento “es uno de los acontecimientos que, como la resistencia indígena a la conquista, la independencia nacional de la corona española (1821), la revolución morazanista (1827-1839) y la reforma liberal de 1876, sobresalen en la historia hondureña”.[1] A pesar del peso específico de este acontecimiento, las clases dominantes han pretendido y hasta cierto punto han logrado borrar de la historia oficial o mantener de bajo perfil esta epopeya revolucionaria de la clase obrera hondureña.
Dibujo de Darwin Rodríguez, de la serie Huelga Bananera.
Desde la óptica del movimiento popular y de izquierda, la huelga de 1954 ha sido vista como un acontecimiento romántico o como un vago recuerdo de un hecho memorable de la clase obrera; a pesar de ello, en la última década han aparecido tres textos importantes que ubican la dimensión extraordinaria de esta gesta obrera, me refiero a los textos “El Silencio quedó atrás” de Marvin Barahona, “La gran Huelga bananera: los 69 días que estremecieron Honduras” de Mario Argueta y “La verdad de la huelga de 1954 y de la formación del SITRATERCO” de Agapito Robleda Castro, investigaciones que deben ser objeto de estudio por parte de los trabajadores  y estudiantes comprometidos con la lucha revolucionaria; esos tres textos deben acompañarse con el estudio de “El camino de mayo es la victoria” de Ramón Amaya Amador, a mi juicio el balance político más completo que se ha escrito de esta huelga.

En el PST creemos que esta huelga debe ser estudiada con seriedad porque sus lecciones siguen vigentes y el hecho de que sectores burocratizados de la clase obrera y de la izquierda se haya apartado del “camino de mayo”, explica en gran medida la pérdida sistemática de nuestras conquistas y el grado patético de desmovilización en que hoy nos encontramos.

Mientras la huelga de 1954 nos enseñó que la huelga, la movilización, la unidad y la organización son los pilares fundamentales para derrotar a la patronal; la dirigencia del FNRP-LIBRE y la dirigencia de las centrales obreras con sus federaciones, le huyen a la huelga, promueven la desmovilización, practican el sectarismo y la antidemocracia en la toma de decisiones y desarticulan la organización y unidad de las bases que desean luchar; lejos quedó aquella famosa enseñanza que Amaya Amador extrajo de la huelga de 1954: “los trabajadores, para poder hacer oír nuestra palabra y demandas, solamente contamos con una arma, pero que es más formidable que todas las armas termonucleares: ¡la organización!,!La organización y la unidad!”[2].

En el mismo sentido, Amaya Amador nos dice que la huelga bananera demostró que “la clase obrera puede triunfar al margen de la dependencia política de la burguesía: que puede actuar y vencer sin necesidad de ser obligatoriamente un apéndice de los partidos tradicionales…”; Amaya Amador, sostiene además, que esta enseñanza es lo más aleccionador de la huelga de 1954; 60 años después la clase trabajadora sigue siendo furgón de cola de los partidos tradicionales y cuando tuvo la oportunidad de construir un poderoso partido obrero y popular a raíz de los acontecimientos del golpe de Estado del 28 de junio de 2009, la dirigencia del movimiento obrero, campesino, popular y de izquierda, aglutinada en el FNRP, condujo a los trabajadores hacia la constitución del partido LIBRE, un partido burgués con ideología socialdemócrata parecido al Partido Democrático Revolucionario Hondureño (PDRH) fundado en 1948, pero no sólo eso, la dirigencia del FNRP entregó la conducción total del nuevo partido a un caudillo burgués que venía del Partido Liberal, un partido oligárquico, me refiero a Manuel Zelaya Rosales. Hemos perdido la independencia de clase, principio fundamental en la lucha `por la liberación definitiva de la explotación burguesa y la opresión imperialista; hoy vivimos atrapados en una desastrosa política de colaboración de clase, pero que sea Amaya Amador, quien nos eduque en las consecuencias nefastas de la política de conciliación de clase que ha seguido la dirigencia del FNRP-LIBRE: “No hay que dejarse embaucar por los propagandistas oriteros, "educadores" salidos de las escuelas del imperialismo, "especialistas" del anticomunismo, cuando aconsejan y proclaman la eliminación de la lucha de clases y la "colaboración" entre capi­talistas y trabajadores. Son paparruchadas. La "paz entre las cla­ses", la "colaboración de clases" y toda una serie de "teorías" inventadas por los ideólogos del imperialismo no son en la realidad más que amigazas para llevar adelante la explotación obrera sin ningún impedimento, sin ninguna protesta.”[3] Esta enseñanza está en total contradicción con la política de conciliación expresada por LIBRE en la pasada campaña electoral, política trazada para conseguir simpatías aún en sectores golpistas. La fórmula de designados presidenciales de LIBRE fue la expresión concreta de esta política de conciliación de clases: Juliette Handal, una empresaria y Juan Barahona, un dirigente sindical.
El orden y la disciplina obrera fueron fundamentales para el
triunfo de 1954.

A 60 años hemos perdido la memoria de los métodos obreros de lucha, el más formidable de ellos es la huelga, aquí, en las últimas dos décadas el único sector que se caracterizó por hacer huelgas en el verdadero sentido de la palabra, es decir, realizando paro total de labores, fue el magisterio; ahora, el gremio de los docentes, es un sector que como el conjunto de la clase trabajadora, está desmovilizado por la falta de oposición al régimen. La dirigencia obrera y popular le huye a la huelga como quien huye de una peste; veamos la lección que en 1954 saca Amaya Amador del método de la huelga: “La burguesía y el imperialismo temen como un creyente al diablo, a las huelgas. Y no se crea que es por las consecuencias económicas que puedan provocar a los empresarios. Eso es nada para los capitalistas, ya que pueden resarcirse después glotonamente, pues tienen en sus manos todos los medios de explotación. Lo que el capitalista teme es lo que la huelga enseña y lo que el obrero aprende en ella. Y es que la huelga es un fenómeno social capaz de ensenar a un trabajador más revolución que un tratado de filosofía revolucionaria…”[4]. Todo parece indicar que ese temor diabólico que tiene al burguesía a la huelga también es compartido por la burocracia del FNRP-LIBRE pues cada vez que desde el PST hemos planteado la necesidad de la huelga nos acusan de “provocadores” y “aventureros”, la mismas palabras que utiliza la patronal para desacreditar a todo compañero o compañera que en Honduras levanta las banderas de la huelga general.

Estas y otras enseñanzas como la necesidad del partido revolucionario que conduzca a la clase trabajadora a la toma del poder bajo las banderas del socialismo, han sido olvidadas por la actual dirigencia del movimiento popular, necesitamos avanzar hacia el camino de mayo, el camino por recuperar la huelga general como método de lucha. El paro cívico nacional que hemos propuesto, es una tarea en esa perspectiva; que las enseñanzas de huelga del 54 sean el camino para reorganizar la lucha de resistencia en Honduras.


[1] Robleda Castro Agapito. “La verdad de la huelga de 1954 y de la formación del SITRATERCO”, Impresora Litográfica “San Felipe de Jesús”; San Pedro Sula, Honduras, 2008, Pág. 148.
[2] Amaya amador Ramón “El camino de mayo es la victoria”, “mensaje de Amaya Amador a los huelguistas hondureños”. Editorial “Ramón Amaya Amador”; Tegucigalpa, Honduras, 1988, Pág. 35
[3] Ramón Amaya Amador, Ibídem, Pág. 23.
[4] Ramón Amaya amador, Ibídem, Pág. 23.