martes, 15 de abril de 2014

El fin del “Estado docente” y las perspectivas del magisterio

 El magisterio, si es que quiere recuperar sus conquistas
perdidas, debe avanzar hacia la conformación de un
sindicato único de maestros.

Por Carlos A. Lanza.


Con este título fue convocado el encuentro del “Taller Pedagógico Paulo Freire” realizado el 22 de febrero de 2014 en la sede del PST. La tesis central que desarrollé como producto de las reflexiones dentro del taller, fue la siguiente:  “El Estado docente” que nació con la Ley de Colegiación Profesional Obligatoria, del año 1962, ha llegado a su fin, la causa es el decreto que introdujo nuevas reformas a la Ley de INPREMA que está vigente desde diciembre de 2012; el fin del “Estado docente” implica el fin del actual modelo sindical. El argumento de esta tesis será la base para el desarrollo de este artículo.


Utilizamos la categoría “Estado docente” para determinar una característica especial que tuvieron las organizaciones magisteriales en el momento en que surgieron como colegios, nos referimos al hecho de que las organizaciones magisteriales nacieron en el marco de una legislación que de entrada las hizo formar parte del Estado, nacieron como producto derivado de la legislación laboral del Código del Trabajo de 1958 pero, a diferencia de los sindicatos, estas nacieron directamente tuteladas por el Estado; es por ello, que desde los años sesentas y específicamente con el Estatuto del Docente de 1997, se constituyó una especie de cogobierno dentro del sistema educativo hondureño, a eso es lo que llamamos “Estado docente”, es decir, un modelo dentro del cual hemos tenido gobierno bipartito en el INPREMA, en las juntas de selección, en las junta Nacional de Evaluación y Dirección Docente; en la misma Secretaría de Educación hemos tenido docentes en funciones técnicas que sostienen la administración y diseñan las reformas educativas del Estado; muchos docentes han sido ministros de educación; en el mismo INPREMA han desfilado docentes que han sido directores; también son docentes los directores departamentales, municipales y distritales de educación, etc. Es evidente el alto grado de participación del magisterio dentro del sistema educativo, podríamos afirmar incluso, que en cierto momento, el magisterio tuvo control del sistema, todo ello justificado históricamente pos dos estamentos jurídicos con rango constitucional: la Ley de Colegiación Profesional Obligatoria y el Estatuto del Docente. Todo parece indicar que el modelo sindical sostenido en el marco del “Estado Docente” llegó a su fin.

Con el golpe de Estado de junio de 2009, la oligarquía hondureña pudo por primera vez, relanzar una estrategia neoliberal que modificó radicalmente la estructura legal del sistema educativo, atacando simultáneamente las conquistas de los docentes y las organizaciones magisteriales. Desde los años sesentas para acá ha habido múltiples reformas educativas pero ninguna  había atacado las conquistas magisteriales como la contemplada en la Ley fundamental de Educación.

El hecho de que las organizaciones magisteriales nacieran tuteladas por el Estado, las hizo vulnerables a los giros políticos de los diferentes gobiernos; por esta razón, en gran parte de su historia político-gremial, estas organizaciones fueron apéndices del Partido Nacional o del Partido Liberal; los colegios magisteriales logran cierta independencia política a inicios de la época de los ochenta, pero con menos influencia que antes, algunos dirigentes todavía llevan al seno del magisterio las posiciones políticas de estos partidos.

Es en el gobierno de Ricardo maduro, siendo Ministro de Educación Carlos Ávila Molina, que se expresa con claridad el chantaje, el paso de factura por formar parte del “Estado docente”; Molina llegó al extremo de cortar, por primera vez en la historia, la deducción de la cuota sindical de los maestros para debilitar financieramente a las organizaciones magisteriales. Desde ese momento señalé la necesidad de que el magisterio se independizara del Escalafón, por lo menos en lo relacionado con las deducciones, porque ese sería uno de los mecanismos que utilizarían los distintos gobiernos para debilitar y someter nuestras organizaciones. Desafortunadamente, la burocracia magisterial entendió que la deducción realizada desde los mecanismos del Estado, era la forma más expedita para garantizar sus privilegios de gastos de representación  y viáticos, por eso nadie se preocupó por darle un nuevo rumbo administrativo a las históricas relaciones entre el magisterio y el Estado.

La confiscación directa de los bienes del magisterio mediante este decreto que reforma la ley del INPREMA, no es más que la culminación de una política iniciada desde el año 2004 con Ávila Molina y llevada al extremo por Escoto Valerio. Tuvimos casi una década para cambiar este esquema de relaciones basado en el chantaje estatal y no se hizo nada.

El fin del “Estado docente” significa también el fin de un modelo sindical magisterial, este modelo se ajustó al que surgió de la Ley de Colegiación Profesional Obligatoria pero con las reformas actuales, dicha ley de colegiación empezó a derrumbar los cimientos que sostenían el viejo modelo sindical y aunque la Ley de Colegiación Profesional obligatoria aún existe, lo cierto es que la perspectiva es hacia su derogación total; la táctica del gobierno es derogarla mediante reformas y no de un solo plumazo porque en el Congreso Nacional el PL y el PN no tienen la mayoría calificada (86 diputados) que necesitarían para hacerlo. Una posible reforma seria la siguiente: la no obligación de pertenecer a un colegio magisterial para formar parte del sistema y optar a una plaza. Cuando eso se concrete, las organizaciones magisteriales desaparecerán irreversiblemente y hacía allí vamos.

La actual reforma a la ley de INPREMA ya deja a estas organizaciones como simples agencias de trámite, debilitando profundamente su función social con los docentes y como derivado de ello, su función política y reivindicadora. La no obligatoriedad a pertenecer a un colegio para optar a una plaza, sería el tiro de gracia. Por eso, los sectores más conscientes, más luchadores que aún quedan en el magisterio deben pensar seriamente en la construcción de un nuevo modelo sindical que nazca independiente del Estado, que recaude sus fondos financieros mediante mecanismos propios que nos vinculen directamente con la base; el nuevo modelo sindical debe acabar de una vez por todas con la burocracia magisterial, reduciendo al mínimo los gastos de representación y democratizando las organizaciones magisteriales. Debemos pensar en ir hacia la conformación de un sindicato único de maestros en Honduras. Un sindicato que recupere la moral derrotada del magisterio, que enfrente con dignidad al gobierno en unidad con la clase trabajadora, que reivindique con la lucha lo que ha perdido y que nos libere de esa burocracia rancia que se ha tragado los recursos financieros de nuestras organizaciones.