viernes, 27 de junio de 2014

Cinco años de golpes y pactos que desmovilizan

A cinco años del golpe de Estado la represión continúa

Por Domingo Godoy


Este 28 de junio se cumplen cinco años del golpe de Estado, desde entonces la situación de los hondureños se ha convertido en una tortura, los golpes a la clase trabajadora son innumerables y cada vez más fuertes. Con el golpe de Estado, el imperialismo y la oligarquía hondureña se jugaron al relanzamiento del neoliberalismo más crudo, desatando su instinto asesino comparable al de una fiera acorralada, y es que cientos de miles de hombres y mujeres día a día hacían temblar a los golpistas, quienes, ante la falta de argumentos, se abrieron paso a punta de balas, más de trescientos hermanos de clase pagaron con su vida el precio de la dignidad de nuestro pueblo. No menos temible fue la propagación del hambre, de inmediato se agravó el desempleo, se multiplicaron los paquetazos, y con ello la miseria y la inseguridad que hizo de Honduras el país más peligroso del mundo; de igual forma, se disparó el déficit fiscal, la deuda, la inflación, la devaluación afectando a los más pobres, en cambio los más ricos se repartieron los rubros más lucrativos, por medio de privatizaciones de empresas estatales y concesiones de recursos mineros, hídricos y hasta se aprobaron las “Ciudades Modelo”.


Por otra parte el Congreso Nacional asumió súper poderes, manejó la política económica, secuestró las instituciones fundamentales del Estado como la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General de la República, el Ministerio Público, entre otras; para facilitar el desmantelamiento del país. En fin, perdimos hasta la capacidad de sorprendernos, la correlación de fuerzas había cambiado totalmente, una fría impotencia se apoderaba de las organizaciones, poco a poco la fuerza aplastante de la resistencia se había reducido a la nostalgia. ¿Cómo se explica eso?

La dirigencia de LIBRE-FNRP contribuyó al fortalecimiento del régimen

Para nosotros, la razón determinante por la que no cayeron los golpistas es la estrategia de la dirección del FNRP, y dicho de forma específica, la política de negociaciones y pactos de José Manuel Zelaya Rosales a espaldas de las bases. Esto ya se ha dicho muchas veces, sin embargo, la reiteramos por su importancia medular: el Pacto de Cartagena es un hecho que cambió el curso de la historia, en él se sintetiza no sólo la traición a la causa de la resistencia, porque únicamente garantizó el retorno del expresidente, -que sin duda era una de las demandas-, también contribuyó con el régimen frenando el alza revolucionaria. Las negociaciones de San José y el Pacto Guaymuras sirvieron para definir ese camino.

Parodiando a Eduardo Galeano, podemos decir que para la dirección del FNRP-LIBRE, la estrategia es “como un violín que se toma con la izquierda, pero se toca con la derecha”, lamentablemente esta concepción confirma la profunda crisis de dirección revolucionaria que vivimos en el país. Valoramos como muy progresivo que el pueblo trabajador haya roto con el bipartidismo, este fue un avance en la conciencia política de la clase trabajadora pero, de igual manera, debemos decir que la ideología del nuevo partido que surgió, aunque tenga elementos progresistas, no representa los intereses históricos de la clase trabajadora hondureña; LIBRE, debido al control que ejerce sobre su política un sector burgués que vino del partido liberal, ha desdibujado el perfil que los luchadores de la resistencia le dieron en las calles y de ser un partido revolucionario, se ha convertido en un partido burgués que llevó a la base a desgastarse en una campaña electoral, para luego resignarse con el fraude, en vez de emplear todo ese despliegue para frenar mediante la movilización, los ataques del gobierno contra el magisterio, los campesinos, los sindicatos, y contra todas las medidas anti populares. La continuación de esa mística es la ciega apuesta por la lucha parlamentaria  y otra vez se demuestra que en la arena de la democracia burguesa son ellos los que llevan el ritmo.

Todo lo anterior sería impensable sin el rol de las organizaciones de izquierda que hacen parte del melismo. No sorprende que sus dirigentes, quienes siguen el compás del caudillo burgués, se alteren cuando les tocamos los clásicos principios marxistas de la independencia de clase, la democracia interna, y la defensa del método obrero de la huelga. Principios que estuvieron presentes en la Huelga bananera de 1954, por eso a 60 años sigue siendo la principal referencia de la lucha de clases. Creemos que la huelga del 54 llegó más lejos por una razón clave; no tenía lo que al FNRP-LIBRE les sobra, burgueses y burócratas.

 Relancemos la resistencia preparando un paro cívico

Todos los errores que suma la pésima estrategia de esta dirigencia, desencadenan una serie de derrotas que han desanimado a las bases, el mejor ejemplo es el magisterio que hace cuatro años se paraba cuando quería y administraba con el gobierno el sistema educativo y hoy teme por su trabajo. Entonces que no sea tan irresponsable la dirigencia del FNRP, al decir que no convoca a movilizaciones porque la gente no quiere luchar. En primer lugar, eso es falso y en segundo lugar, la desmoralización de las bases gremiales es lo que Mel Zelaya quería; No olvidamos cuando la dirigencia  del FNRP dijo que estaba para cosas más importantes que las luchas gremiales, eso que ellos llamaban “más importante” eran las elecciones, el resultado final fue: ni los derrotamos en las calles, ni los derrotamos en las urnas.    
 
El pueblo no se resigna a quedarse con los brazos cruzados, los campesinos han mantenido su beligerancia y han venido hasta Tegucigalpa a decirnos que están en pie de lucha por la libertad de sus presos políticos y sus procesados y por la Ley de transformación agraria sin abandonar la toma de tierras; de igual forma los indígenas se mantienen firmes en Río Blanco y en San Francisco de Opalaca, el magisterio derrotó la CAP, los estudiantes universitarios tratan de reorganizarse, muchos colectivos del FNRP mantienen su estructura y no dudan en luchar contra la represión del Congreso Nacional, aunque muchos ya no tienen respeto la dirección. Todo esto nos lleva a pensar que necesitamos un plan para potenciar todas estas luchas, hasta organizar un Paro Cívico Nacional que nos recuerde nuestro enorme poder cuando estamos organizados y en las calles. Puede ser otra táctica, pero no debemos vacilar en retomar el “camino de mayo”.