sábado, 12 de julio de 2014

Brasil: el mundial de las transnacionales

Mundial de fútbol: la FIFA gana, el pueblo brasileño pierde

Por Erlin Gutiérrez

Cuando pensamos en el Mundial de fútbol, la primera impresión que se nos viene a la mente es la del país anfitrión envuelto en júbilo por organizar el que posiblemente es el evento deportivo más importante del planeta. Pero este Mundial ha sido totalmente diferente a los anteriores. Y hasta resulta paradójico que el país que más copas mundiales ha levantado, Brasil, esté recibiendo a la Copa con luchas y movilizaciones masivas a lo largo y ancho de su territorio.

Los deportes en el capitalismo


Los grandes eventos deportivos, en sus inicios, eran celebraciones de la salud de los atletas, del entretenimiento, el ocio y en especial, de la fraternidad entre las personas y culturas (es famosa la Paz Olímpica que se dictaba en la antigua Grecia durante los Juegos para permitir el acercamiento entre los distintos pueblos, incluso entre los que estaban en guerra); pero desde que el deporte cayó en las garras del gran capital, han abandonado su naturaleza original.

En la actualidad, en el Mundial, al igual que en otros eventos deportivos de grandes magnitudes como los Juegos Olímpicos, las grandes empresas del imperialismo llevan a cabo una arremetida capitalista que pareciera no tener fin. Empresas como Coca-Cola, Hyundai y Sony en conjunto con la FIFA se llevarán a sus bolsillos las jugosas ganancias que dejará el Mundial. Este sin lugar a duda es el Mundial de las transnacionales. Mientras los futbolistas corren tras el balón, las empresas lo hacen tras los billetes. Esta actitud del capitalismo hacia los deportes ha ensombrecido la pasión que genera el Mundial. Ahora resulta imposible apreciar las joyas arquitectónicas que son los estadios y muchos menos celebrar un gol con la pasión que lo hacíamos antes; lo que presenciamos ahora es un obsceno festival de injusticias en nombre de las ganancias.

El Mundial refleja la cara de los gobiernos


Este Mundial está marcado por otro aspecto inédito: es el primer evento deportivo de grandes magnitudes organizado por un país que lo gobierna un partido que se reivindica de la corriente del “Socialismo del siglo XXI”. La actitud con cual lo está encarando el gobierno no sorprende: 11.000 millones de dólares invertidos en infraestructura para la Copa del Mundo en detrimento de los fondos que se deberían destinar en educación, salud, vivienda y transporte. La clase trabajadora brasileña siente los estragos de los recortes por el Mundial y lo están encarando de una manera formidable: millones de personas en las movilizaciones, las cuales tuvieron su punto más alto durante la Copa Confederaciones de 2013 donde las calles se llenaron de personas para exigir mejores condiciones de vida y estudio para el pueblo trabajador; y en recientes fechas fuimos espectadores de la heroica huelga de los trabajadores del Metro de San Pablo; todo esto bajo la consigna de “En la Copa van a haber luchas”. Ante las movilizaciones, el gobierno de Dilma se desenmascara y responde salvajemente: violentas represiones por medio de su Policía Militar a cada lucha que se presenta, persecución política contra cientos de activistas del movimiento popular como lo hace con los miembros del “Bloque de Luchas” de Porto Alegre, el despido de 42 trabajadores del Metro de San Pablo y multas económicas a otras decenas de ellos por el simple hecho de luchar por un aumento salarial. El Mundial del 2014 nos deja algo claro: el gobierno de Dilma y el PT están visiblemente del lado de los capitalistas y las trasnacionales y contra el pueblo trabajador.

El deporte en el Socialismo


A diferencia de otras organizaciones ultra izquierdistas que plantean que la salida es acabar con los eventos deportivos de gran magnitud, los revolucionarios planteamos la necesidad de liberar al deporte de las cadenas del capitalismo y ponerlos en beneficio de la clase trabajadora para recuperar su esencia. Pero entendemos que en el marco del capitalismo la liberación del deporte es imposible, puesto que éste representa una fuente inagotable de ganancias en detrimento del bienestar de los atletas y de la clase obrera en general. Sostenemos que sólo el socialismo, un sistema que vea al deporte como una parte fundamental para el desarrollo íntegro de la persona, tal como lo debe ser la formación artística, podrá masificar el deporte y hacerlo del acceso a toda la humanidad. Sólo así podremos regresar los eventos deportivos a sus orígenes: un espectáculo de fraternidad universal.