lunes, 11 de agosto de 2014

Magisterio: La jubilación de los años tristes

La jubilación no es vejez, es memoria en la lucha
Aquí siempre se es triste sin saberlo
Roberto Sosa

(Del poema “Tegucigalpa”)

Por Carlos A. Lanza


En Honduras envejecer es triste y no son las canas las que nos hacen viejos, son los surcos que deja la tristeza en la piel la que nos va quitando la vida poco a poco y cuando nuestra fuerza laboral llega a su fin, después de una larga vida de explotación, la jubilación deja de ser júbilo y se convierte en tristeza. Quién podrá sentir júbilo en su vejez trabajando hasta los 65 años; con la vida que llevamos, a esa edad prácticamente somos ancianos enfermos y marginados.


Cuando se aumentó nuestra edad de jubilación y se redujo el beneficio pasando de 36 salarios a los últimos 180, en realidad lo que se hizo fue aumentar la plusvalía directa de nuestra fuerza laboral para evitar que el Estado asumiera una mayor responsabilidad dentro del sistema de pensiones y aquí sólo estamos hablando de la fórmula para calcular la jubilación pero el golpe a nuestros beneficiarios fue brutal, largo sería el tema para abordar todo lo que perdimos, sólo queremos reafirmar que esto nunca debió ser así. Citaremos lo que se recomendaba en la página 77 del documento denominado “Estrategia Nacional de Previsión Social” finalizado el 25 de febrero de 2011, es decir, dos años antes de que se aprobara la reforma total a la ley de INPREMA:

“La homologación de la financiación y de los perfiles de beneficios y requisitos para los trabajadores activos deberá ser gradual, de manera tal que no impacte de una forma demasiado violenta contra las expectativas de los trabajadores activos, aquellos trabajadores que estén cerca de obtener sus pensiones por retiro al momento de la reforma, se les deberán respetar las reglas actuales de requisitos y beneficios. A los más jóvenes se les aplicarían los cambios en forma completa y a los que están en medio se les daría el tratamiento de grupo de transición con prestaciones intermedias”

Obsérvese que el documento dice que la reforma “no impacte de una forma demasiado violenta”, en otras palabras, estaban  asumiendo que la pérdida de derechos que se estaba proyectando en ese momento era violenta; pero lo que no entendemos es cómo dos años antes del desastre, no pudimos darnos cuenta de la existencia de este documento que recomendaba respetar los beneficios y requisitos de quienes ya estábamos dentro del sistema y cerca de jubilarnos; el documento señala quienes fueron los sectores que participaron en su elaboración y son los siguientes: Delegados de INJUPEMP; INPREMA; INPREUNAH; IHSS, IPM; IPP, la Comisión Nacional de Bancas y Seguros, Secretaría de Finanzas, el COHEP y Centrales de Trabajadores. La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿si para el año 2011 todavía funcionaba el directorio de INPREMA, participaron los representantes magisteriales como delegados en esa comisión técnica y si fue así, por qué no nos advirtieron de la violencia de esta reforma?, ¿por qué nunca alertaron que en medio de semejante arbitrariedad había una salida para miles de docentes en edad de jubilación?

Este documento contiene por adelantado toda la política del Estado en materia de pensiones y es la base del decreto que tiene preparado Juan Orlando Hernández para unificar todos los sistemas de previsión. El documento ya tiene tres años de existencia y no lo conocíamos, cómo duele que exista información y no aprovecharla. Este documento amerita que el magisterio lo estudie, contiene 93 páginas y la tesis central es universalizar o “democratizar” los sistemas de previsión social convirtiéndolo en uno sólo, incluyendo a sectores de trabajadores que nunca han participado del sistema. Las preguntas que nos sugiere este documento son las siguientes ¿más allá de lo que hemos perdido, perderá el magisterio aún más con un sistema unificado de pensiones? ¿De dónde saldrá el aporte patronal estatal de aquellos trabajadores que en el documento son reconocidos como aportantes individuales, es decir, que no tiene patrono? ¿Saldrá su pensión del “lomo” de otro trabajador o el Estado finalmente asumirá un pilar en la aportación?, ¿Cómo se homologará dentro del sistema a trabajadores que al momento de la unificación presenten perfiles de aportación disimiles a otros trabajadores con una larga trayectoria de aportantes?, ¿Es la unificación de este sistema una nueva forma de acumulación de capital disponible para la banca privada? Estas y otras preguntas debemos respondernos a la luz de este documento.

Intuimos que el sistema unificado de pensiones creará una enorme masa de capital que no servirá para mejorar la pensión de todos los trabajadores, servirá como una nueva forma de acrecentar el capital de la oligarquía financiera. Sino luchamos por recuperar lo perdido, seguiremos alimentando los años tristes, creando más surcos de tristeza en nuestra piel. El magisterio debe exigir que se nos respeten los beneficios de jubilación de la misma manera que el Congreso respetó los beneficios de los aportantes de INJUPEMP que ya estaban en edad de jubilación.