sábado, 9 de agosto de 2014

Un pie aquí y otro allá. Los intelectuales ante la migración

"Remesa Republic" de Adán Vallecillo

Por Allan Núñez


Honduras: país migrante


Nos llevaría demasiado lejos, rebasando además el objeto de este artículo y los conocimientos del autor, el dar una descripción detallada del fenómeno migratorio en Honduras a lo largo y ancho de su historia. Bastará con decir que Honduras ha sido y sigue siendo un país de migrantes; de migrantes que llegan, migrantes que se van o migrantes que simplemente cruzan, en tránsito, por el territorio nacional.


Durante la época colonial, a la inmigración de los conquistadores europeos le siguió el desplazamiento forzado de poblaciones africanas que se establecieron en el litoral norte y que aún hoy permanecen en forma de morenales. Más tarde, atraídos por el incipiente desarrollo agrícola y comercial generado con la implantación y auge del enclave bananero, arriban a Honduras los primeros inmigrantes de origen árabe y judío y que luego se convertirían en la base real del poder económico local.

Los campos bananeros también fueron el destino de oleadas de campesinos provenientes de otras regiones del país que muy pronto quedaron reducidos en obreros agrícolas del enclave. La historia de este flujo migratorio interno, triste y desgarradora, está reseñada en un extraordinario cuento de Vicente Cáceres Lara titulado: “Paludismo”.

El conflicto armado interno en Centroamérica está lleno de desplazamientos migratorios. En este contexto, Honduras fue refugio de salvadoreños que huían de su país espantados por la violencia de la guerra civil, al igual que lo hicieron miles de nicaragüenses que huían de la dinastía Somoza primero y del triunfo sandinista después. También llegaron a suelo nacional guatemaltecos, indígenas, víctimas del acoso y persecución del ejército chapín. Tristemente, nuestro país también fue el hogar de la contrainsurgencia, el santuario de las bases militares norteamericanas y de “los contras”.

En un sentido contrario a la imagen de país refugio, Honduras se fue convirtiendo poco a poco en un país emisor de sus propios migrantes que abandonaban la patria como una salida directa a sus graves apremios económicos y laborales. Las políticas neoliberales que cobraron ímpetu a partir de 1990 contribuyeron a incrementar la fuga migratoria, tendencia que la naturaleza se encargaría de agudizar tras el azote del Huracán Mitch en 1998. Finalmente, la firma y puesta en marcha del DR-CAFTA (siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana) en 2006, la crisis económica mundial abierta en 2008 y el golpe de Estado de 2009 dio nuevos estímulos al flujo migratorio de miles y miles de hombres, mujeres y niños, que huyen del país arruinados por el hambre, la violencia y la desesperanza social.

Los intelectuales y la migración


Los intelectuales han sido sensibles al carácter migrante de nuestro país. En el ámbito de la historiografía merece especial atención el estudio de Rafael Leiva Vivas sobre el tráfico de esclavos negros a Honduras, como expresión típica de las relaciones socio-económicas imperantes en el período colonial. Mario Argueta es autor de “Los alemanes en Honduras” (CEDOH, 1992), un estudio que registra de buena manera el lugar que estos inmigrantes conquistaron en la estructura comercial del país. De menor valía académica es el trabajo de Segisfredo Infante “Los alemanes en el sur” (Edit. Universitaria, 1993). Finalmente, Jorge Amaya, autor de una impecable saga sobre la presencia judaica, árabe y china en Honduras.

En literatura encontramos la extensa producción narrativa de Roberto Quesada. Sus novelas “Big Banana” y “Nunca entres por Miami” constituyen un extraordinario fresco, escrito en clave irónica, sobre la vida de los indocumentados en la sociedad norteamericana.

El estado hondureño se limita a ver el fenómeno de la migración desde una perspectiva dual y restringida: como fuente de remesas familiares que contribuyen a mantener un relativo equilibrio macroeconómico o como espacio apropiado para captar votos en el exterior. La primera visión fue denunciada por el artista contemporáneo Adán Vallecillo en su serie “Remesa Republic” (2009), presentadas en el marco del proyecto expositivo “Migraciones: mirando al sur”. Sus ensamblajes combinan lienzos negros y niveles amarillos en referencia directa a los colores corporativos de Western Union, la mayor empresa remesadora del planeta. El uso de los niveles no es gratuito en la obra de Vallecillo, esos instrumentos, consagrados a mantener el equilibrio de los cuerpos en el espacio, aluden al sentimiento de aparente estabilidad económica que las remesas generan en nuestra sociedad.

El migrante se va en busca de trabajo y de salarios en dólares, y esa es la razón de sus preocupaciones y desvelos. Inserto en el mercado laboral norteamericano, sus metas y propósitos giran en torno al envío de remesas para ayudar a sus familiares. Mientras esto ocurre, en Honduras, la sociedad se divide entre aquellos que reciben remesas y los que no tienen este beneficio. Las desigualdades sociales se vuelven más evidentes: el paisaje cambia, la casa del vecino sufre mejoras, cambia su vestimenta y alimentación, y la sana envidia se convierte en un motivo más para impulsar a nuevos migrantes a recorrer el camino que ya han recorrido los hijos o parientes de sus vecinos menos desafortunados. Esta fue quizá la idea central de la exposición “Arquitectura de remesas” comisariada por el salvadoreño Walterio Iraheta y en el que participó el artista hondureño Léster Rodríguez.

Gabriel Galeano es autor de “Frijoles mojados” (BAVH, 2008), una mala pieza cuyo único mérito es hablar del dilema migratorio. En este recuento no podemos dejar por fuera a Santos Arzú Quioto. Los títulos de sus proyectos expositivos  dan cuenta de su interés por el tema de la migración, aunque abordado desde una perspectiva más filosófica y, si se quiere, hasta teológica: “Puntos cardinales” (Bienal Iberoamericana de Lima, 1997), “El exilio y laudes”, “Tiempo, límite y espacio” y “Los errantes”, entre otros.

Los trabajos que hemos enumerado tienen una preocupación común, pero orígenes diversos. Fueron elaborados con el propósito de analizar el fenómeno migratorio en nuestro país desde diversos ángulos. Historiados, novelistas y artistas visuales no han sido indiferentes y nos han regalado sus propias interpretaciones del carácter migrante de Honduras; es sano volver a ellos, hoy que nuevamente entramos en el mapa contemporáneo de la noticia por la acostumbrada puerta del drama humano que miles de migrantes hondureños viven en su trayecto hacia los Estados Unidos.