miércoles, 22 de octubre de 2014

¿Por qué no debemos pagar la deuda externa?

Pagar la deuda externa es condenar al pueblo a la pobreza y
la miseria. 
La imagen es obra del artista hondureño Obed Banegas.
Por José Domingo Godoy

El NO pago de la deuda externa no es una consigna nueva, ésta se remonta a los años ochenta cuando la política de los Organismos Financieros Internacionales (OFI’s) fue endeudar a los países pobres, para ubicar los petrodólares y chantajear a los gobiernos de turno introduciendo los planes de ajuste estructural, es decir, el neoliberalismo. Honduras es uno de esos países.


Desde 1982 nuestra deuda inició una vertiginosa escalada llegando al punto de ser impagable, no por la cantidad de dinero prestado, sino por el acelerado crecimiento de los intereses debido al mecanismo con el cual opera el imperialismo en materia económica, esto se debe precisamente porque el propósito de la deuda externa no es el de saldarla, sino, la de esclavizarnos a partir de la imposibilidad de su pago. De hecho, el Estado hondureño pagó tres veces el monto recibido, pero entre más se pagaba la deuda, más crecía ésta.

Si bien en Honduras la aplicación de los paquetes neoliberales van como caudal de rio en una pendiente, sobre todo a partir del golpe de Estado, el imperialismo se quiere asegurar que los políticos de turno hagan bien el trabajo y sabe que el chantaje de la deuda es un recurso infalible, máxime cuando se tiene en el timonel del barco a personajes como Juan Orlando Hernández, quien es capaz de vender el país entero.

Mitos y realidades sobre los acuerdos con el FMI


Planteado en esos términos, el no pago de la deuda para el movimiento popular y el pueblo en general representa una tarea impostergable en defensa de los recursos que nos quedan. Con esto resolvemos de paso el tema moral, ya que la dignidad del pueblo hondureño no se determina por horrar una deuda que no pidió ni gozó, sino en defender los pedazos de país que en la actualidad la burguesía vende al mejor postor.

Muchas personas consideran que Honduras no puede vivir sin los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), casi de la misma manera como un comerciante del mercado en Comayagüela no puede trabajar sin el dinero que el usurero le presta, como si fuese un mal necesario. Incluso piensan que es imposible romper con el FMI; eso es absurdo. Tanto es así que, en Honduras duran más las negociaciones que los acuerdos: el último de estos caducó en 2012 y ya desde antes habíamos sido sacados del programa de las Metas del Milenio y de muchos beneficios de condonación de la deuda, los cuales por cierto se debieron a la falta de libertad económica. No sorprende que los más interesados con el acuerdo son los cachurecos que ven el Acuerdo Stand By, que se firmaría a mediados de noviembre y cuyos desembolsos pueden abarcar un período de hasta tres años, la única posibilidad de mantener su oneroso gasto y financiar su próximo fraude, siempre con la venia de la Embajada norteamericana.

Por otra parte, los Estados miembros no tienen ninguna obligación para tener Acuerdos. Incluso hay varios casos de gobiernos que dejaron de cumplir sus “compromisos” con el FMI y eso no los condenó a la enemistad con el resto del mundo, por el contrario, es el imperialismo quien busca la “reconciliación” como cualquier prestamista inteligente, puesto que a lo que más teme es a la enseñanza que eso deja. Sabe que el sistema financiero depende del buen genio del deudor.

La estrategia del gobierno y la del imperialismo


El plan del gobierno inicia con el logro del Acuerdo Stand By con el FMI a cualquier costo. Es decir, cumpliendo todas las órdenes del FMI, los cuales van sin duda alguna contra los sectores más empobrecidos de la población. Ejemplos de estas órdenes son el incremento del 10% a la energía eléctrica, impuestos al consumo, la reducción presupuestaria a los servicios públicos y al financiamiento de la producción de alimentos en el campo. En fin, estas órdenes representan el desgarrador aumento del hambre y la miseria. Podemos sintetizar las estímulos del gobierno por firmar este acuerdo en tres aspectos: primero, porque dicho Acuerdo le permite el acceso a los fondos suficientes para terminar su período de gobierno; segundo, porque eso le da confianza a los inversionistas extranjeros y así COALIANZA tiene a quien entregarle los recursos y territorios; sobre este punto basta con citar a John Dimitri Negroponte –un personaje que sabe por qué dice las cosas- miembro y directivo del Consejo de las Américas, quien expresó que una vez firmado el acuerdo con el FMI se podrían usar fondos del BID; tercero, el Acuerdo le hace ganar a la voluntad del imperialismo, porque la firma es ante todo un pacto de lealtad, es como decirles: ¡Ustedes mandan! ¡Hágase aquí según su palabra!

Ahora, ¿dónde está el problema que nos ocupa? Ese plan en primer lugar nos condena a un endeudamiento sin precedentes, o lo que es lo mismo, nos esclaviza porque nos convierte en presa fácil del chantaje, la usura y el saqueo imperialista. No sólo nos están endeudando a nosotros, sino también a nuestros hijos y a los hijos de estos. La segunda parte del problema es que la motivación del gobierno es totalmente mezquina puesto que quienes vamos a pagar esa deuda ni veremos los billetes; será por otro lado la oligarquía quien hará piñata con esos fondos, con pastel incluido, como ha sucedido siempre. Es por esta vía como se enriquecieron los 214 multimillonarios del país que nos tienen en la actualidad muriendo, ignorantes, desempleados y escapando hacia los Estados Unidos.

Adicionalmente debemos subrayar que, el imperialismo no está pensando en lo superficial, por supuesto que nos va a cobrar hasta el último centavo, pero lo que está de fondo es la recolonización del país, que se expresa en garantizar su control militar en la región -es decir, es una jugada geopolítica y estratégica- para facilitar la explotación comercial de todos los recursos, desde los naturales hasta la fuerza de trabajo por medio de sus transnacionales; la deuda le servirá para afianzar su control político. Queda claro quién gana y quién pierde en este juego macabro.
 

¿Qué representa para los trabajadores el pago a la Deuda Pública?


El pago de la deuda pública tiene una relación directa con los paquetazos, con la reducción del presupuesto, con el incumplimiento de las responsabilidades constitucionales del Estado en servicios de primera necesidad como salud, educación y seguridad, pero también en generación de empleo y evitar el desabastecimiento de alimentos. Por eso al momento de buscar el principio y fin del problema inevitablemente tenemos que ir al monto que se destina al “pago del servicio de la deuda” como se le llama técnicamente.

Veamos un ejemplo concreto: de acuerdo con el anteproyecto presupuestario para 2015, presentado al Congreso Nacional y que en palabras de Francisco Rivera, presidente de la comisión de presupuesto de ese poder del Estado, “ya lleva la bendición del FMI”, el renglón del pago de la deuda es el más elevado de todos y asciende a L. 31,508.3 millones, casi la sumatoria del presupuesto asignado a educación (L. 22,360.9 millones) y salud (L. 12,393.9 millones). Por cierto, la reducción del presupuesto a estos dos renglones que son los más importantes para la población, son de 174.8 millones en salud y 708.5 millones en educación.

Esto quiere decir que, el NO pago representa duplicar la cantidad de médicos, medicinas, camas y equipo hospitalario. Asimismo, lograríamos mayor cobertura educativa, más docentes, reparación y construcción de colegios y escuelas, material didáctico para los niños y niñas. Desde luego que el gobierno no está pensando en eso, en realidad no le importa dejar que centenas de personas se mueran en los hospitales y que los niños tengan toda clase de carencias en los centros educativos.

¿En qué debemos invertir el dinero destinado al pago de la Deuda?
Mientras la deuda sube, los salarios bajan y
el hambre aumenta.

Desde el PST consideramos que un gobierno que tenga el mínimo compromiso por el bienestar de la clase trabajadora debería invertir en la producción de granos y demás alimentos para combatir el hambre y el desempleo en la zona rural; iniciar un ambicioso plan de construcción de infraestructura productiva y vivienda, ya que solo en Tegucigalpa casi la mitad (45%) de los habitantes no tienen casa propia, con ello palearía el desempleo urbano y reactivaría la economía, lo cual vendría a reducir la delincuencia y la  emigración de niños a Estados Unidos, que según datos del gobierno de esa nación al menos 13 mil menores llegaron sólo entre octubre de 2013 y julio de 2014; el aumento general de salarios es una necesidad impostergable porque la inflación anuló la capacidad adquisitiva lograda con los pírricos aumentos, además con el terrible desempleo que impera en la actualidad, de un único salario viven muchas personas.

Los problemas son tantos que no alcanza el espacio, pero basta con decir que hay razones de sobra para no pagar la deuda, debemos romper con el FMI y la política del imperialismo de inmediato y esa exigencia nos toca a todos los afectados con esa política.

Nuestro llamado al movimiento popular



Nuestro planteamiento es un llamado a la lucha contra la política económica que aplica el gobierno y lo hacemos a toda la clase trabajadora y en particular a la base de la resistencia, a quién también tenemos que decirle que la cúpula que dirige al FNRP-LIBRE no emprenderá ninguna lucha porque su proyecto es eminentemente electoral y su esquema de oposición es la cómoda ocupación de curules en el Congreso Nacional, y eso aquí y en cualquier parte del mundo se llama traición. No nos cansamos de decir que la verdadera oposición está en las calles y en la huelga, por eso proponemos una Jornada Nacional de Lucha, encabezada por los sindicatos en lucha. Ese es nuestro terreno y nuestra mejor arma es la unidad de todos los luchadores y luchadoras, al tiempo que urgimos de una verdadera dirección revolucionaria y socialista -independiente de las direcciones burguesas y reformistas como LIBRE y el PAC-, capaz de llevar a las masas trabajadoras a la toma del poder aplicando la más amplia democracia.