martes, 20 de enero de 2015

CUBA: A 56 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN

“No se puede confiar en el  imperialismo,
pero ni tantito así, nada” Ché Guevara
Por Erlin Gutiérrez

Enero de 2015 conmemora el aniversario 56 de la gloriosa Revolución Cubana. Este hecho representa el primer proceso revolucionario victorioso en América. Su importancia para la historia de nuestro continente aún se ve reflejada en la enorme influencia que tiene esta revolución y sus dirigentes entre las viejas y nuevas generaciones de revolucionarios.

Y esto no es casualidad. Desde el primer día, la Cuba revolucionaria avanzó grandemente en materia de educación, salud y combate a la hambruna. Avances que representan el orgullo del pueblo cubano y de la izquierda en general. Esto en definitiva sólo fue posible gracias a la existencia de un Estado Obrero y de una economía no capitalista en la isla, la cual se sustentaba sobre la base de la estatización de medios de producción, el monopolio del comercio exterior y la planificación económica.


Pero tampoco queremos ser miopes políticos y negar que, a pesar de los avances que tuvo, la actualidad cubana está marcada por enormes privaciones materiales para el pueblo y retrocesos significativos en su nivel de vida, los cuales se reflejan en los dramáticos ataques a la boleta de suministros básicos y los masivos despidos que realiza el gobierno, que cada vez empuja a más trabajadores a sobrevivir de cuentapropistas. Esta actual situación en Cuba es el resultado de que, a diferencia de sus inicios, el Capitalismo se restauró desde hace algunos años en el país caribeño.

Esta restauración se dio gracias a, por un lado, factores externos como el criminal bloqueo que realiza el gobierno yanqui, contra el cual nos oponemos férreamente, y la caída de la URSS, quien fuera su principal socio económico. Y por el otro, al nefasto papel de los Castro y del Partido Comunista Cubano para sostener la Revolución. Hablamos concretamente del terrible error que cometieron al orientar al FSLN de “no convertir a Nicaragua en otra Cuba”, o lo que es lo mismo, a no expropiar a la burguesía en Centroamérica. Esto fue determinante para que tampoco el FSLN triunfara en El Salvador y se evitó así la conformación de un bloque de Estados Obreros en la región, y la consecuente marginación económica cubana.

El papel nefasto de los Castro no paró allí, pues estos, al frente de un antidemocrático régimen de partido único, también cercenaron las bases de la economía no capitalista en Cuba con la aprobación de leyes como la de “Mercados agropecuarios libres” en 1994 y la “Ley de inversiones extranjeras” en 1995. Estas leyes que cedieron ante el ingreso de capital del imperialismo europeo y canadiense, principalmente, también dieron paso a que las nuevas empresas se movieran por las leyes burguesas del mercado [oferta y demanda] y que realizaran negocios internacionalmente sin control estatal, dando como resultado que muchas de las ganancias se escapen del país, tal como sucede en cualquier otro país capitalista. Hoy día en Cuba, estos beneficios de los cuales hablamos, también los disfruta una empresa hondureña, la Facuss Foods, propiedad del terrateniente y asesino de campesinos, Miguel Facussé.

El último acuerdo de Raúl Castro con Obama para restaurar relaciones entre Cuba y EE.UU. sólo es otro reflejo del regreso del Capitalismo, puesto que por desgracia el acuerdo no fue producto de la lucha y movilización de décadas del pueblo cubano, sino, del interés que tienen los gringos de gozar de la mano de obra barata y educada de la cual dispone Cuba, para enriquecer sus bolsillos. Obama y sus burgueses no se quieren quedar por fuera del festín que la burguesía hará de la nueva Zona Franca que se instala en el productivo Puerto de Mariel.


Por eso llamamos a que ningún revolucionario se engañe con este acuerdo Obama-Castro. Esta no es una victoria. Es el nuevo intento del imperialismo por avanzar en el proceso de semi colonización de la Isla. La tarea actual es exigirle al gobierno cubano, ese mismo que da amplias garantías al imperialismo para enriquecerse de sus tierras, a dar las mayores libertades de organización, expresión y protesta. Así como elecciones libres y la más amplia libertad sindical y partidaria para que todo ciudadano cubano pueda defender las últimas conquistas alcanzadas con la Revolución de 1959.