viernes, 8 de mayo de 2015

Construyamos el Partido Socialista de la clase trabajadora

Por Comité Central del PST

Honduras y el mundo necesitan
un Partido obrero y socialista
Honduras atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia, pero a la vez uno de los más esperanzadores. Después del golpe de Estado de 2009, el análisis de la realidad revela cuatro grandes tendencias:


La primera es el recrudecimiento de la estrategia neoliberal que, aunque ya venía aplicándose desde los años 80s, en la era post Golpe se profundiza mediante la privatización de empresas públicas como la ENEE, Hondutel, SANAA o servicios como la Seguridad Social; la reducción de la inversión social en los servicios básicos de la población (salud, educación, y otros) que no son lucrativas para el gran capital; la privatización de los servicios sociales y de la infraestructura estatal; el encarecimiento de la vida por la liberalización de los precios de los bienes de consumo, entre otras. Todo lo anterior con dos propósitos: uno, fomentar el pago de la inmoral y multimillonaria deuda externa a los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial, BID), que en realidad dictan el rumbo de la actividad económica de Honduras; y dos, acrecentar las multimillonarias ganancias de la elite económica y social que detenta los hilos del poder económico político y militar del país.

La segunda tendencia es el fortalecimiento de una forma de gobierno cada vez más autoritaria, centralizadora y militarizada. El golpe de Estado, la forma más elevada de negación de la democracia, ha dado lugar a una forma de gobierno que concentra todos los poderes del Estado en manos de una sola persona, como ocurre con el control que JOH tiene del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia, así como el retroceso de las libertades democráticas y la cada vez más descarada practica del fraude electoral, con vistas al continuismo del actual gobernante, vía su reelección. Esta centralización va acompañada de una profunda militarización de la vida nacional, por la cual las Fuerzas Armadas ocupan espacios estratégicos en los más importantes aspectos de la vida nacional, desde la seguridad pública, a través de la funesta Policía Militar hasta la rehabilitación de niños en situación de riesgo social, entre otras tantas.

La tercera tendencia es el sometimiento de los movimientos sociales populares y la eliminación de sus principales conquistas sociales. Esto afecta de manera especial a la clase trabajadora, como lo atestigua la perdida de conquistas del magisterio, los sindicatos, los estudiantes, los campesinos y los pequeños propietarios, sometidos todos a procesos de empobrecimiento, reducción de sus ingresos, súper explotación y expoliación a través de tributos cada vez más elevados y extendidos. El régimen logra esta eliminación de conquistas mediante tres mecanismos distintos pero complementarios: 1) la represión y criminalización de luchadores sociales y defensores de derechos humanos; 2) la cooptación de las dirigencias del movimiento popular en especial de las centrales obreras y campesinas, que se confabulan con el Estado para mantener sus privilegios a costa del sacrificio de sus bases; y, 3) el abandono de la lucha popular por parte de la cúpula de la Resistencia para enfocarse exclusivamente en la actividad electoral del Partido LIBRE con el resultado de desmovilizar a la combativa base del Frente Nacional de Resistencia Popular.

La cuarta tendencia es la progresiva desnacionalización del Estado hondureño para beneficiar al capital extranjero, que se expresa en las políticas de entrega inmisericorde de nuestros recursos naturales (agua, petróleo, minerales, biodiversidad) nuestra infraestructura de comunicaciones, así como el cercenamiento del territorio nacional permitiendo la instalación de mini estados que rompen con la unidad nacional, y la autonomía municipal y con la vigencia de la misma constitución en las llamadas Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) o “ciudades modelo”. Asimismo, la pérdida de soberanía se expresa en la prestancia del territorio nacional para el paso e instalación de bases y fuerzas de tarea de ejércitos extranjeros, en particular del ejército de Estados Unidos, con el fin de garantizar el avance en el proceso de recolonización de Honduras y de nuestros países hermanos en la región.

Todas estas tendencias son la expresión de un Sistema Capitalista salvaje, pero también decadente, que se sustenta en las formas más grotescas de gobernar y sacar ganancias. Frente a este sistema, el pueblo hondureño debemos oponer un sistema de justicia social, de distribución equitativa de la riqueza producida, propiedad social de los sectores estratégicos de la economía, a la vez sustentado en el gobierno del pueblo a través de mecanismos democráticos participativos y no solo representativos. A ese sistema alternativo le denominamos SOCIALISMO.

Y en esto somos radicales: El Capitalismo no puede ser reformado ni mejorado, ya que la burguesía no tiene la capacidad económica ni la voluntad política de garantizar bienestar alguno al Pueblo. Sin destruir el capitalismo explotador y opresor, y sin construir una sociedad socialista, de nada servirá cualquier reforma cosmética o triunfo reivindicativo parcial del pueblo, ni siquiera será suficiente ganar las elecciones a la Presidencia. La solución contundente y sostenible a los principales problemas del país pasa por hacer una revolución socialista en Honduras, a la cabeza de la cual sólo puede estar la clase trabajadora.
Para el triunfo de la Revolución Socialista en Honduras, es necesario contar con una conducción revolucionaria del movimiento popular; y la única forma de contar con esta es construyendo un PARTIDO SOCIALISTA DE LA CLASE TRABAJADORA.

¿Existen las condiciones para construir ese partido en Honduras? Si existen. De un lado existe la necesidad de hacerlo, por lo expuesto anteriormente, y de otro lado, desde el Golpe de Estado existe la fuerza social necesaria para darle sustento. Nunca se había dado en Honduras un movimiento popular tan masivo y tan organizado como el movimiento de RESISTENCIA POPULAR, que aglutina a más de un millón de personas y que se ha convertido en el enemigo mortal de la burguesía golpista vende patria. Esa poderosa fuerza social y política es la base con la cual se puede construir la alternativa revolucionaria para el pueblo hondureño. Tal hecho es esperanzador.

¿Existe ya ese partido de la clase trabajadora y socialista? Lamentablemente la respuesta es NO y por tanto debemos construirlo. Los partidos Nacional y Liberal representan a la oligarquía vende patria, enemiga del pueblo; la Democracia Cristiana y Unificación Democrática por su  práctica son hoy día partidos “bisagra”, serviles oportunistas de los grandes partidos oligárquicos; el partido Alianza Patriótica (APN) es el partido de los militares golpistas de ultraderecha; el Partido Anticorrupción y el PINU son partidos de derecha reformistas, que quieren maquillar o mejorar el sistema capitalista y no sustituirlo, pero que se colocan de lado de los partidos oligárquicos cuando se trata de defender la propiedad privada, volviéndose enemigos de la lucha obrera y popular.

En cuanto al Partido LIBRE, existe una contradicción entre su base y su cúpula dirigente. Su base es combativa, enemiga de la oligarquía y democrática; en cambio su cúpula dirigente, encabezada por el caudillo Manuel Zelaya, es todo lo contrario. Sus dirigentes utilizan un discurso “socialista” pero, de igual manera que el PAC y el PINU, el partido LIBRE pretende reformar el capitalismo para “mejorarlo” y por eso  también es un partido burgués, no socialista. Llamando a las cosas por su nombre, Manuel Zelaya fundó su partido para sacar a la Resistencia de la calle y para que el pueblo resistente deposite sus esperanzas en las elecciones y en la representación parlamentaria, no en la lucha de la clase trabajadora; desde su retorno a Honduras, Zelaya castró la combatividad popular y concertó acuerdos con el gobierno cachureco a fin de mantenerse como una “oposición constructiva” en el Congreso Nacional, pero ha sido incapaz de defender las conquistas sociales que el pueblo ha perdido en estos cinco años y ni siquiera fue capaz de defender su éxito electoral. Por ese motivo, los sectores populares que salen a luchar no encuentran apoyo militante en la cúpula del FNRP ni en LIBRE.

Adicionalmente, LIBRE es un partido que reproduce a su interior los mismos vicios antidemocráticos de los partidos oligárquicos, donde se imponen candidatos, se excluye las voces disidentes, y donde no se castiga la traición al pueblo. Por todo lo anterior, LIBRE no es una real opción de cambio socialista.

Por lo anterior, es una necesidad histórica en Honduras la construcción de un verdadero PARTIDO SOCIALISTA DE LA CLASE TRABAJADORA. Un partido que tenga las siguientes características:

1.     Un partido que tenga como principio toral la eliminación de la gran propiedad capitalista, y tenga como objetivo la colectivización de las fábricas, los bancos, el gran comercio, las empresas agroindustriales y de servicios, para que la riqueza que produzcan se invierta en satisfacer las necesidades fundamentales del ser humano.

2.     Un partido que tenga como base social fundamental a la clase trabajadora (obreros, campesinos sin tierra, subempleados y cuenta propia) enemiga mortal de la burguesía vende patria y la única clase social capaz de construir un nuevo país con el sudor de su frente; pero a su vez, capaz de establecer alianzas estratégicas con otros movimientos sociales progresistas como los movimientos indígenas, estudiantiles, de mujeres, LGTB, cristianos progresistas, y otros.

3.     Un partido que no sea electorero, sino que tenga como método privilegiado la lucha con métodos obreros y populares; pero sin que descarte la utilización de otros métodos complementarios (electorales, parlamentarios y culturales), para llevar a cabo una guerra total contra el sistema capitalista.

4.     Un partido democrático que respete la decisión de las mayorías pero que también respete el disenso interno, y lo incorpore en forma proporcional a sus instancias de dirección; donde las decisiones principales se tomen en las asambleas y donde los dirigentes no sean jefes sino voceros y ejecutivos de los mandatos de la base; un partido que desarrolle la diversidad interna, y donde en particular se le dé trato preferencial a las mujeres y las y los jóvenes.

5.     Un partido internacionalista, que se indigne contra la injusticia en cualquier parte del mundo y contribuya a construir también un partido mundial para la revolución socialista.

El Partido Socialista de los Trabajadores (PST) lo invita a usted, compañero y compañera, a sumarse a nuestras filas para construir ese partido.

Partido Socialista de los Trabajadores1 de Mayo de 2015