domingo, 7 de junio de 2015

Un Paro Nacional nos acercaría al objetivo


Por Carlos A. Lanza
JOH ya se está acostumbrando a la tenue luz de las antorchas,
necesitamos el fogonazo de un paro cívico” CL.
Desde ya días venimos asistiendo a un proceso de movilización que apareció en momentos en los que no pasaba nada. Así es la lucha de clases: un acontecimiento inesperado puede hacer que un volcán aparentemente apagado surja chispeante como las antorchas que hoy centellan en las calles de Honduras. Hay volcanes que no pasan de lanzar fragmentos de fuego al cielo pero nunca terminan de estallar. Cuando veo que en todo el país el pueblo se está movilizando pero de manera fragmentada no dejo de pensar en la metáfora de un volcán que por días y días lanza fragmentos de fuego pero nunca alcanza el clímax del estallido.

Necesitamos que todos los antorcheros del país se movilicen a Tegucigalpa y allí democráticamente discutamos y aprobemos un paro cívico. La lucha de clases nos enseña que cuando una estrategia no evoluciona a acciones de mayor nivel, la tendencia es ir en picada, de retroceso. Esta experiencia ya la vivimos en las movilizaciones contra el golpe de Estado, meses enteros aplanando calles terminaron en una pasmosa desmovilización que sólo se ha visto sacudida por este proceso antorchero.
Un amigo me dijo que un paro cívico no era garantía de que JOH cayera, le respondí que tenía razón, que la lucha de clases no era determinista, si así fuera la historia sería estática, viviríamos una realidad sin contradicciones. Lo que sí es cierto es que un paro cívico nos pondría en mejores condiciones para luchar, movería el timón hacia nuestras manos y podríamos navegar con mayor certeza en las aguas profundas y agrestes de la lucha contra la corrupción.
No han notado antorcheros de todo el país que a pesar del ímpetu de estas movilizaciones, JOH se mueve tranquilamente como si nada estuviera pasando y se da hasta el lujo de organizar movilizaciones para que lo respalden. No han notado que mientras nosotros caminamos y caminamos, JOH se atrinchera en la” Comisión Interpartidaria” y desde allí maniobra para sostener la crisis en los marcos de la “institucionalidad” y buscar una salida negociada. Lo único que puede destrabar este control institucional de la crisis es que la lucha contra la corrupción pegue un salto de calidad y ese salto de calidad es un paro nacional. Un paro nacional es el elemento que hace falta en esta coyuntura para que el volcán estalle. Cuando nos pregunten si queremos es incendiar el país, no nos pongamos a la defensiva, digamos que sí queremos hacer una gran hoguera para quemar a la oligarquía corrupta.
Las antorchas han jugado su rol pero la realidad exige realizar acciones de mayor envergadura, mientras caminemos de noche la oligarquía estará tranquila, porque para un empresario corrupto no pasa nada si utilizamos nuestro tiempo de descanso para protestar, por eso las movilizaciones no son reprimidas. El problema grave para el Estado oligárquico es cuando los trabajadores protestan en el tiempo que les toca producir. Un paro cívico nos acercaría al objetivo y nos pondría más cerca de sacar a JOH. Un paro cívico sería ganancia para el movimiento popular organizado porque nos liberaríamos de la coraza desmovilizadora de los últimos cinco años y la correlación de fuerzas a favor del régimen ya no sería la misma ya que habríamos recuperado nuestros métodos de lucha históricos: la huelga, la toma de calle, la toma de puentes, las barricadas, etc. Necesitamos que las movilizaciones de las antorchas se conviertan en movilizaciones insurreccionales, de lo contrario, corremos el riesgo de que las antorchas nos terminen quemando las pestañas y sólo sirvan para futuros vídeos de campaña electoral.