miércoles, 1 de julio de 2015

Hacia una pedagogía del paro cívico nacional

Por Carlos A. Lanza
(Integrante del Taller Pedagógico “Paulo Freire”)


Las antorchas necesitan encender un Paro Cívico Nacional, de lo contrario, podemos terminar “chamuscados” en nuestro propio fuego.CL 


La coyuntura actual exige un salto de calidad. Las movilizaciones antorcheras, por lo menos en los centros urbanos fundamentales del país, han ido creciendo, pero todo lo que sube baja, más aún, cuando un movimiento como éste, obedece más a la voluntad de sus participantes que a una verdadera estrategia de lucha. Hasta hace unas semanas, era una herejía plantear la idea de un Paro Cívico: nos llamaban “provocadores”, “incendiarios”, “vieja generación”, “colgados”, “herederos de la guerra fría”, etc. Pero mantuvimos intactas nuestras convicciones y sobre todo, tuvimos mucha paciencia y ahora, el Paro Cívico ha pasado a formar parte del debate nacional entre los sectores que están en lucha.

 Lo que está en debate es si los gremios y sindicatos están en capacidad de llevar a cabo un Paro Cívico. Queremos señalar que el primer Paro Cívico se realizó el 17 de abril del año 2008, fue un paro exitoso, el país se paralizó aunque no hubo una huelga general. Creo que la experiencia de este Paro Cívico nos dejó varias lecciones que de manera pedagógica vamos a enunciar con el fin de contribuir al debate para organizar un gran Paro Cívico contra el gobierno de JOH.

1. Sin democracia interna no hay Paro Cívico.
 
Urge una asamblea nacional de antorcheros, sindicatos, gremios, organizaciones campesinas, pueblos originarios, patronatos, entre otros, que de manera democrática discutan cómo hacer el Paro Cívico. El Paro Cívico debe partir de la realidad de cada organización, de la geografía que pueden colonizar para tomar puentes y carreteras y del grado de conciencia de la comunidad acerca de sus problemas. No se puede llamar a un Paro Cívico sólo por el punto de la corrupción, si las organizaciones populares y las comunidades no ven reflejados en la convocatoria sus propias necesidades, la gente no va a participar. Por eso necesitamos esta asamblea para que el paro no sea impuesto sino construido desde la base. Un Paro Cívico no se realiza por mensajitos ni por las redes sociales, ni por los medios de comunicación, se organiza con el método obrero de la asamblea democrática y popular.


2. Un Paro Cívico no es una huelga general pero es un paro.
 
La burocracia de las centrales obreras siempre sale con el estribillo de que apenas el 8% de la población productivamente activa está sindicalizada y por esa razón no pueden convocar a una huelga general, siempre dicen que no hay condiciones, lo cierto es que hemos tenido momentos formidables para realizar una huelga general y nunca la han convocado. En 1954 no teníamos organizaciones sindicales reconocidas y sin embargo la clase trabajadora organizó la huelga más grandiosa de todos los tiempos. Pero bien, el Paro Cívico Nacional no llega a ser una huelga general pero es acompañado por aquellos sectores que se comprometen a pararse, no son todos pero es impactante, estremece, genera crisis en la oligarquía y el impacto es mayor porque los gremios o sindicatos que no pueden parar, son reivindicados por las tomas de puentes y carreteras. De esta manera, hay sectores que paran de hecho porque sencillamente no pueden movilizarse a los centros de trabajo. No estamos pidiendo una huelga general, estamos pidiendo que se organice un Paro Cívico donde el éxito no depende únicamente del papel de los sindicatos sino de todas las fuerzas populares organizadas en el país.


3. Un Paro Cívico define con claridad sus objetivos.

No vamos a un Paro Cívico si no definimos con claridad los objetivos o la agenda de lucha, los participantes deben velar porque sus problemas sean reivindicados en la jornada de movilización (recomendamos iniciar con un paro de 24 horas). La consigna de sacar a JOH del poder es a mi juicio innegociable, pero además, hoy más que nunca se necesita levantar la consigna de una Asamblea Nacional Constituyente Popular y Democrática que resuelva el vacío de poder que significaría la salida de JOH, pero, además, la Constituyente serviría para reorganizar al país bajo un nuevo pacto de gobernabilidad, a partir de allí, podemos jerarquizar las demandas que surjan de la asamblea popular.

4. Reorganizar al movimiento popular una gran tarea del Paro Cívico. 

Una de las tareas estratégicas del Paro Cívico es dotar al movimiento popular de una nueva organización que sea capaz de administrar o coordinar un plan de lucha. Esto es lo que garantiza que el paro no termine allí donde empieza. Las asambleas deben tener la capacidad de generar una Coordinadora Nacional de Lucha, que integre a los indignados y a todos los sectores que estén dispuestos a luchar, no importa que este movimiento se llame “Coordinadora Nacional de Indignados”, lo importante es que tengamos una instancia nacional y democrática para tomar decisiones y no como hasta ahora que se sigue repitiendo el viejo error de que Tegucigalpa le dicta la línea al país entero y muchas veces sin consultar a nadie.

Esperamos que estas ideas sirvan para animar el debate en torno al Paro Cívico tan necesario para avanzar en la lucha por echar abajo a este gobierno corrupto yexplotadoar.

Tegucigalpa, 29 de junio de 2015
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