martes, 20 de octubre de 2015

“Te tragaste a mi viejita, no hagás lo mismo con la cosecha”

"Retrato de viejo campesino". Vincent Van Gogh.
Por Allan Núñez.
En la remota aldea de El Rosario, municipio de Macuelizo, un suceso quebró el quehacer cotidiano de sus pobladores: ha muerto doña Rosa y hoy las campanas suenan por ella. La comunidad entera se reúne en el patio de su casa para velarla. Hay café, tamales, quesadillas, riguas, ticucos con mantequilla, aguardiente y cigarros para enfrentar la noche. Allí conocí al apesarado don Cosme, el primero de los nueve hijos de doña Rosa, un humilde campesino dueño de una pequeña milpa cuyos granos no alcanzan siquiera para el consumo familiar.
Don Cosme no emplea la azada. Sus utensilios no son mucho más complicados que el equipo para extraer raíces que utilizaban en el pasado los recolectores. Se aferra a un bastón para plantar, con el cual hace agujeros en la tierra para las semillas y retoños, y que a menudo usa para romper los terrones, y ocasionalmente una afilada colima para cortar las malas hierbas. Es la mañana siguiente del entierro de doña Rosa y nuestro campesino suplica al suelo: “te tragaste a mi viejita, no hagás lo mismo con la cosecha”.
Las prolongadas sequías que afectan a Honduras, ha puesto de nuevo sobre el tapete una de las lacras más dolorosas del campo: la extrema vulnerabilidad del campesinado ante la irregularidad de la lluvia, que se traduce en cosechas perdidas y, en consecuencia, en hambre.
En Honduras, el fenómeno tiene cifras: más de un millón de habitantes padecen la crisis alimentaria, de ellas un tercio son niños cuyos padres difícilmente pueden ofrecerles un plato de comida al día. La producción de leche se redujo en 800,000 litros, y para los pequeños productores es mejor vender o destazar la res a que ésta muera por la carencia de pasto y agua. Hay dos millones menos de quintales de maíz respecto al año anterior y el arroz vive una de sus peores épocas, en el mercado hace falta medio millón de quintales de este grano. Poco o nada sobrevive de las hortalizas y legumbres. Tampoco el café goza de buena salud desde la roya: ante los bajos precios en el mercado, los productores prefieren que el fruto se pierda, pues el pago de la corta supera con creces lo obtenido en la venta.
El panorama no es esperanzador. Estadísticas oficiales confirman que las lluvias han estado por debajo de la media histórica. También se advierte de la posibilidad de que el fenómeno El Niño, que en Honduras provoca una disminución en la frecuencia de las lluvias, se prolongue hasta marzo de 2016. Es decir, hay una situación de canícula extendida que amenaza con prolongar la seguía y el hambre de los hondureños. De otro lado, encontramos la ambición de los grandes empresarios agroindustriales, nacionales y extranjeros, que no entienden de límites: el Grupo Dinant se apoderó del Valle Aguán y la Azucarera del Norte (AZUNOSA) hizo lo mismo con el Valle de Sula, a costa del hambre y la vida de miles de familias campesinas.
El drama de don Cosme y de millones de campesinos hondureños tiene solución: impulsar una Reforma Agraria Integral que acabe con el emporio de los terratenientes, ofrezca acceso a la tierra y a créditos para obtener semilla y agro-insumos. El gobierno de JOH jamás asumirá ésta tarea, pues él responde a los intereses de los empresarios, por ello es indispensable acabar también con él.
Campesinos y campesinas, destruyamos el latifundio y venzamos al gobierno de JOH, lacayo del imperialismo y de los empresarios agro-industriales. Por una Reforma Agraria Integral, apoyemos masivamente la Jornada Nacional de Protesta este próximo 4 de noviembre.
¡FUERA EL GOBIERNO DE JOH Y SUS ALIADOS!

¡POR UNA REFORMA AGRARIA INTEGRAL!