viernes, 15 de enero de 2016

¡Rosa Luxemburgo! La rosa que nunca cerró sus pétalos

En 2014 para la edición de febrero del Trabajador publicábamos esté artículo dedicado a una de las más grandes revolucionarias de la historia, Rosa Luxemburgo, hoy a 97 años de su asesinato y el de su compañero Karl Libknecht reproducimos íntegro el artículo. 
Secretaría de la Mujer-PST  

El pasado 15 de enero se cumplieron 95 años del asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Libknecht a manos de la policía de choque de los socialdemócratas alemanes. En memoria de su trayectoria revolucionaria y su lucha por el socialismo el PST proyectó en su sede el filme cinematográfico “Rosa Luxemburgo”, haciendo un homenaje a lo que fue la vida de una de las principales revolucionarias del Siglo XX.  


Sin duda alguna, Rosa Luxemburgo fue una de las principales intelectuales del marxismo. Nació en Polonia el 5 de marzo de 1871, días antes de la comuna de París, y murió el 15 de enero de 1919. Fue combatiente de las ideas revisionistas en el seno de la Socialdemocracia alemana lideradas por Edward Bernstein; que planteaba que la lucha por el socialismo se podía dar a partir de la lucha parlamentaria a partir de reformas que nos llevarían de manera pacífica al socialismo a lo que Rosa en su obra Reforma o Revolución responde: “La lucha por reformas es el medio; la revolución social, el fin”.

Combatió el acomodamiento del PSD (Partido Socialdemócrata Alemán) al renegar el rol de la clase trabajadora como sujeto de la revolución y no querer organizar la revolución sino más bien fortalecerse en el seno parlamentario y llegar al poder por una vía “pacífica” electorera que de fondo no cambiara las estructuras del capitalismo ya que la clase trabajadora  “no estaba preparada”. La historia demostró en 1914 que Rosa Luxemburgo siempre tuvo la razón, en ese año el PSD vota en mayoría a excepción de Karl Liebknecht  dar paso a la devastadora Primera Guerra Mundial, que no era más que el llamado a los obreros de las nacionalidades a enfrentarse entre sí para defender los intereses de sus explotadores burgueses.

Rosa Luxemburgo se puso de inmediato en la oposición y participó de la fundación de la Liga de Espartacos en contra de la guerra y junto a los bolcheviques Lenin y Trotsky, se vuelve parte del núcleo embrionario de lo que más tarde sería la Tercera Internacional ya que la segunda se había degenerado debido a las tendencias revisionistas de la Socialdemocracia.

El capitalismo venció en Alemania, ante todo porque  faltó, a pesar del extraordinario ánimo de aquellos revolucionarios, un partido comunista enraizado y bien experimentado en la lucha de clases

Mary Alice Waters en la introducción de obras escogidas de Rosa Luxemburgo apunta que dos semanas antes de su asesinato les dijo a sus camaradas: “Hoy nos podemos proponer la destrucción del capitalismo de una vez por todas. Más aun; no solo estamos en situación de cumplir esa tarea (…), sino que nuestra solución es el único medio para salvar a la humanidad de la destrucción.”

Esa fue la convicción que guió su vida; sus palabras eran muy oportunas para un mundo que salía del holocausto de la Primera Guerra Mundial. Hoy, cien años y varias guerras devastadoras después, la alternativa que ella planteó: “socialismo o exterminio”, sigue siendo la principal disyuntiva que tiene planteada la humanidad.