martes, 29 de agosto de 2017

Nuestras vidas son los ríos.

¡Fuera HIDROCEP!

Por Allan Núñez


Debemos a Jorge Manrique uno de los versos más recordados de la literatura universal: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar a la mar/ que es el morir”. Para el poeta español del siglo XV, el río es una metáfora del flujo irreversible del tiempo: la vida misma entendida como un río que nos arrastra ineludiblemente a ese mar que es el morir. No sabemos si Berta Cáceres estudió a Manrique, de lo que si tenemos certeza es que entendió muy bien que su vida fue un río: el Gualcarque. Como río es también la vida de todos aquellos que hoy defienden el río Mezapa.


La lucha que ahora mismo protagonizan las distintas comunidades del sector Pajuiles, aglutinadas en el Campamento Digno por el Agua y por la Vida, contra la imposición de un proyecto hidroeléctrico en el río Mezapa, debe entenderse como un paso más en el largo y pedregoso camino que nuestros pueblos deben recorrer en la defensa de los recursos naturales y en repudio al modelo extractivista que promueve el gobierno en beneficio de grandes empresarios nacionales y extranjeros.

Entiéndase por modelo extractivista aquellas modalidades de negocios consagrados a la exploración, extracción, comercialización y procesamiento de importantes recursos naturales como los minerales, el viento, el sol, carbón, madera y agua, entre otros. Muchas de las empresas dedicadas a estos menesteres son multinacionales con matriz en Estados Unidos, Inglaterra o Canadá y que operan, directa o indirectamente, a través de una subcontrata, en terceros países.

En Honduras existe una memoria larga del extractivismo que se remonta a la Conquista cuando la Corona extrajo de nuestro subsuelo la plata y el oro necesario para alimentar el ciclo mercantilista de la transición y constitución del capitalismo en Europa. Se reafirma hacia la segunda mitad del siglo XIX, cuando las compañías fruteras norteamericanas asolaron el norte del país con el objeto de asegurar cantidad, buen precio e ingentes ganancias de consumo de bananos en el mercado norteamericano.

El modelo extractivista que hoy se impone a sangre y fuego en nuestro país hunde sus raíces en aquellas experiencias y su eje es la apropiación privada de los bienes naturales comunes para ser vendidos en el mercado mundial. Para ello los gobiernos han diseñado un marco legal (Ley General de Aguas, Ley General de Minerías, Ley de Reconversión en Deuda Pública, Ley de las Zedes o Ciudades Modelos, Ley de Alianza Público-Privada y Ley de Fomento al Turismo) cuyo propósito es el de proteger los intereses de los grandes empresarios en detrimento de la mayoría social. El de las industrias extractivas es uno de los negocios menos transparentes que existen en nuestra economía, ya de por sí opaca en el común de los mortales. Destaca este modelo en que no respeta el tiempo para que los bienes comunes naturales se reproduzcan, ni considera el agotamiento y el daño irreversible sobre el medioambiente. No considera las consecuencias a largo plazo, concentra tierras, fulmina territorios como ocurrió con el Valle de Siria, expulsa pueblos hundiéndolos en el hambre y la miseria y determina las inversiones de infraestructura pública y privada para facilitar la extracción. Sus intereses están por encima de los derechos humanos. Los actores de este modelo tienen nombres: es el presidente, los diputados, alcaldes y grandes empresarios nacionales y extranjeros.

En resumen, el modelo extractivo depreda la naturaleza, la corteza terrestre, los recursos naturales y el ecosistema, todo ello con el afán de satisfacer los intereses del capital. Esta carrera es insustentable y habrá que combatirla, como en su momento lo hizo Berta Cáceres y ahora mismo las comunidades que conforman la zona de Pajuiles. No será una lucha fácil. Según el Informe de las Defensoras de Derechos Humanos (CDM) de 2013 a 2015 fueron 140 las defensoras agredidas en la defensa de la tierra, territorios y recursos naturales. En enero la organización Global Witness denunció que Honduras es el país más peligroso del mundo para los ecologistas, constatando que de 2010 a la fecha se cometieron 123 asesinatos en su contra.

El Campamento Digno por el Agua y por la Vida en Pajuiles es un bello ejemplo de resistencia contra el modelo extractivo que impulsa el actual gobierno. Saludamos y respaldamos la labor desarrollada por el Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ) en esta y otras comunidades por la defensa de nuestros recursos naturales. Invitamos al conjunto de las organizaciones que conforman el movimiento popular hondureño a articularse en una instancia unitaria de lucha que construya un programa en donde uno de sus ejes sea la defensa de los bienes comunes naturales, históricos y culturales, y defina un plan de lucha encaminado a frenar los esfuerzos continuistas de JOH y sus políticas de entrega y saqueo de los recursos naturales.