martes, 14 de noviembre de 2017

Anthony Flores, estadística, en la larga y tenebrosa lista de violencia

Se cumplen 365 días de un asesinato cruel, de una vida apagada en pleno ímpetu de su juventud, se cumple ya un año de que ya no está, aquel niño inquieto, rebelde, que le saco muchas carreras, sobresaltos y enojos a su padre, ese niño bien parecido, con sueños, ilusiones, como cualquier niño de este país a quien se le niegan todos los derechos, y trata de revelarse contra este orden injusto que le arrebató la vida.


Tony, el pintor autodidacta que hacia sus pininos por su cuenta en el arte, sin grandes ínfulas, sin largos estudios, pero con ganas de expresar su talento. Eso fue lo que hizo en los muros del cementerio general, y otros lugares en los pocos años que se le permitió vivir.


Él no quería morir, y cuentan que clamaba auxilio en la fría madrugada del 13 de noviembre del 2016 en el hospital pobre y deshumanizado de El Progreso, que solo le quito la ropa para abreviar las evidencias, pero no para darle asistencia médica, por lo que en la emergencia del hospital, desnudo, solo, desconocido, herido de balas asesinas, murió, aún no hay investigación sobre quien le disparo, tuvo que ser la policía, son los únicos autorizados para el exterminio de jóvenes en este país. Exigimos justicia.