jueves, 23 de noviembre de 2017

¡Voto nulo y movilización nacional contra JOH y el continuismo!

¡Ninguna confianza en el proceso electoral, ni en sus contendientes!
El 26 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones generales en Honduras, ese día se define quién gobernará el país en los próxi­mos años, no sabemos si cuatro o más. Contra lo que establece la Constitu­ción de la República vigente, el Parti­do Nacional PN con la cooperación de la oposición, se han puesto de acuerdo para establecer la figura de la reelec­ción presidencial, lo cual constituye formalmente la principal característi­ca del actual proceso.


Sin embargo, lo más preocupante es el escandaloso fraude orquestado a la medida de la vocación autoritaria y corrupta del presidente que es tam­bién el candidato, lo cual hace de éstas elecciones las más polémicas y hasta ridículas de los últimos años, puesto que ésta vez un insulto representa un voto de apoyo según el Tribunal Su­premo Electoral.

Más allá de los gritos de la gente en los estadios y otros espacios públicos, el actual gobierno es repudiado por gran parte de la población, su base social se limita a un sector mayoritario de na­cionalistas tradicionales asegurados por los programas asistencialistas que hacen parte de su programa “vida Me­jor”. No obstante, la principal fuerza de JOH es el uso del poder para im­poner un colosal fraude retorciendo la ley a su conveniencia, su estrategia se basa en el control absoluto de los re­cursos económicos, la violación de to­dos los mecanismos de la democracia burguesa y la compra de la voluntad del imperialismo, mediante su some­timiento ante todas sus exigencias canalizadas mediante los organismos financieros internacionales.

El proceso electoral está diseñado para la auto reelección, pero el PN no lo ha hecho solo, los partidos de la “oposi­ción” tienen una enorme responsabi­lidad política, al permitir que JOH se imponga en todos los terrenos, inclu­yendo el campo electoral, la Alianza nació fracasada sin la participación del Partido Liberal PL, y fue así por­que su plan es coexistir como socios menores de una política neoliberal y pro imperialista con la que todos los partidos inscritos comulgan y que solo la cuestionan en aspectos superficiales como parte de sus maniobras discur­sivas. La mejor evidencia es que, los partidos de oposición no consiguie­ron unificarse para luchar contra sus medidas en materia de política social, económica y de reformas democrá­ticas, es decir, por omisión también son responsables del fraude contra sí mismos. El PL se negó en dos ocasio­nes a presidir al Congreso nacional y a llegar a un acuerdo para presidir la CSJ; entregando la dirección de ambas instancias al PN. LIBRE, PAC y el PL no hicieron nada por la destitución ilegal de la anterior CSJ –que declaró inconstitucional a la ley de las Ciuda­des Modelo- y terminaron respaldan­do la elección de la nueva CSJ –que es completamente Orlandista- que tenía como principal tarea “legalizar” la re­elección.

Para permitir el avance de la reelec­ción no han llegado a acuerdos que generen la unidad de la oposición pero para consolidar la estabilidad del régi­men y respaldar los ataques al pueblo si se unen con facilidad; por eso res­paldaron la existencia de la PMOP, la reelección de Julieta Castellanos y así garantizar el avance de la IV reforma, no hicieron nada para oponerse a la ley anti terrorista, votaron a favor de la penalización del aborto, de la re­ducción del presupuesto dictado por la FMI en materia de salud y educa­ción; y del decreto de emergencia so­bre el tema energético, de las privati­zaciones de COALIANZA y los 23 mil empleados públicos despedidos, hasta se coludieron con JOH para derrotar al movimiento estudiantil y de esa for­ma colaboraron con él para estabilizar la crisis universitaria. Pero lo más im­portante de todo es que nunca les pasó por la mente enfrentar al régimen en las calles para detener todos los ata­ques del gobierno y exigir las reformas electorales que garantizarían un pro­ceso electoral más democrático, no lo hicieron porque nunca lo desearon, si así fuera hubieran movilizado a las ba­ses de la Resitencia y de las antorchas para obligar a JOH a retroceder en sus medidas neoliberales y autoritarias. No lo hicieron y no es difícil entender porque, es debido, como hemos visto, a que están de acuerdo en términos generales con la política entreguista del gobierno.

No salieron en defensa del PAC cuan­do esta institución política fue inter­venida por el PN a través del TSE, lo que llevó a que el tribunal le concedie­ra la presidencia a Marlene Alvarenga y permitiera la salida del ala de Salva­dor Nasralla. Ninguno de los puntos establecidos en el Acuerdo de Ton­contín fue cumplido por la oposición, no lucharon por el voto electrónico, por un nuevo censo electoral, por la incorporación de todos los partidos en el TSE y el RNP, la segunda vuelta y lo más importante de todo no están dispuestos a detener la reelección.

Tampoco la lucha contra el fraude y el financiamiento del gobierno es con­secuente, todos sabemos que no se cuenta con un Censo Nacional, y el Censo Electoral (personas aptas para votar) que ha presentado el TSE su­pera en 9% las proyecciones del INE que, de por sí ya están alteradas. La participación de los muertos entre los votantes es una práctica vieja y muy efectiva.
En el proceso electoral de 2013 el 5.1 % de los votantes fueron niños, no cabe duda que la misma fórmula se aplica ahora, porque no existe ningu­na sanción por los delitos electorales suscitados en aquella oportunidad. El partido LIBRE vuelve a salir con la misma canción, “si votamos masiva­mente derrotaremos el fraude” y para ello define como solución la opera­ción “cusuco”.

Varios contendientes, el mismo pro­grama burgués


Los tres partidos que se disputaran el Poder Ejecutivo defienden el mismo orden económico neoliberal por eso el Partido Nacional expone un programa de gobierno que se concentra en tres medidas centrales: “mano dura” –con­tra los pobres-, asistencialismo y en­trega de los recursos al imperialismo. En la primera promete incrementar el número de la fuerza pública, más cár­celes de máxima seguridad, ampliar las penas, criminalizar la protesta etc. En segundo lugar presenta un abanico de programas de compensación so­cial como Vida Mejor, bolsa solidaria, ampliar los empleos precarios, préstamos sin intereses, etc. Destinadas a mantener y ampliar su base electoral y obviamente para perpetuar la con­dición de pobreza y miseria de los tra­bajadores, lo que significa abundantes ganancias para los empresarios. Y por último generalizar las concesiones de vías de transporte, recursos naturales y empresas estatales a las transnacio­nales imperialistas además ampliar el endeudamiento con los organismos internacionales de crédito con lo que financiara todo lo antes expuesto.

El programa del Partido Liberal es parecido al del Partido Nacional aun y cuando Luis Zelaya trate de apa­rentar desmarcarse de su papel de hermano menor del Orlandismo en enfrentamientos como el de “Mapa Soluciones” ya hemos demostrado la relación de vasallaje del PL con PN. El liberalismo presentó su “Plan Es­peranza” como la supuesta solución de la miseria de los hondureños, pero sus cinco ejes solo confirman lo que hemos dicho, veamos: dicen que van a reconstruir el Estado de derecho -aun y cuando están llenos de golpistas-, proporcionaran seguridad integral, garantizaran educación salud y pro­tección social y por último la reacti­vación económica para la generación de empleo. Con este plan de gobierno los únicos que pueden sentir ESPE­RANZA son los oligarcas porque no pone en riesgo en nada al statu quo; eso lo puede plantear cualquier candi­dato nacionalista ya que no cuestiona la esencia de la política del partido nacional, excepto en lo que refiere al primer eje, pero tampoco van hasta las últimas consecuencias, aunque sea en el marco del esquema burgués que sería una Asamblea Nacional Consti­tuyente, lo cual no sorprende ya que fue el principal motivo, según Luis Ze­laya, para no establecer un frente elec­toral con los partidos de la Alianza los cuales después también renegaron de la Constituyente.

Por su parte, la propuesta de gobier­no de LIBRE y la Alianza consiste en: “la convocatoria mediante un plebis­cito para consultarle al pueblo sobre el establecimiento o no de una nueva Constitución de la República, instalar la CICIH para combatir a la corrup­ción, salud y educación universal y gratuita, Energía eléctrica gratuita para los más pobres, depuración de policía nacional y sustitución de la PMOP –manteniéndola por un tiem­po no determinado- por una comuni­taria, salario mínimo indexado al cos­to de la canasta básica, derogación de “leyes lesivas y secretas” y derogación de concesiones que dañen el medio ambiente y a las comunidades indíge­nas y negras”. La propuesta de gobier­no de la Alianza es eminentemente populista, también no se diferencia en mucho del que llevó al gobierno del Poder Ciudadano a Mel Zelaya como candidato presidencial del PL. El programa de la Alianza podría ser defendido por los sectores reformis­tas del PN y PL pero el problema no queda ahí; LIBRE con el fin de obtener un acuerdo para un frente electoral con el PAC, PL y PINU eliminó de su programa la exigencia de la Reforma Agraria integral y la convocatoria a una Constituyente popular y origina­ria dos banderas importantes que le­vantaba el FNRP.

No menos importante es mencionar el papel que las organizaciones de izquierda han jugado al interno de LIBRE y en la Alianza. Por un lado han cumplido un rol desmovilizador, dedicando su esfuerzo militante a los fines electorales; y por otro, también hicieron retroceder a las masas en su conciencia política, porque le dan un mensaje peligroso a los luchadores y luchadoras que, lo único que queda por hacer es embarcarse en la demo­cracia burguesa, es decir, tener diputa­dos y hacer oposición parlamentaria. Opinamos que eso es un crimen y al mismo tiempo un suicidio político, ante los sectores que resisten coheren­temente las medidas del gobierno y que en caso de existir un movimiento popular organizado las victorias de es­tos grupos serían más importantes y el gobierno ni siquiera habría osado en postular su reelección, pues, tampoco es que tiene controlada la situación del país. Luchas como la de los Indigna­dos, las huelgas de la Universidad de Agricultura y de la Universidad Au­tónoma desnudaron sus fragilidades, pero al parecer muchos luchadores populares ya cayeron en la trampa de la democracia burguesa. Es una pena.

Reestructuración de un espacio de lucha a nivel nacional


Por todo lo anterior a la clase traba­jadora hondureña solo le queda la organización de la lucha, no importa la composición del nuevo gobierno, aquí no se trata de cuantos diputados obtenga cada partido, o cuantos fun­cionarios logre la Alianza, en los últi­mos cuatro años aprendimos que ellos siempre se pondrán de acuerdo en sus intereses individuales o de grupo, mientras los trabajadores pierden el empleo y todas las conquistas adqui­ridas en varias décadas de luchas. Por eso, debemos retomar la organización independiente y la movilización per­manente, mediante un espacio de ar­ticulación nacional de todos los pro­cesos de lucha.

Nunca fue tan urgente organizar un partido de la clase trabajadora, un partido que nazca de la lucha obrera contra el gobierno burgués y la bur­guesía en general, solo cuando los tra­bajadores enfrenten a la burguesía en todos los terrenos, con su programa socialista y el objetivo de tomar el po­der, evitaremos caer en la maraña que la burguesía nos ha metido. El PST considera que las medidas económi­cas entreguistas y anti obreras del go­bierno son la primera razón por la que debemos luchar; seguido de las liber­tades democráticas como el derecho a la libre organización sindical y po­lítica; respeto a los derechos laborales, los derechos sexuales y reproductivos; el derecho a la tierra, al crédito agrí­cola y a asistencia técnica gratuita, au­mento general de salarios, no pagar la deuda externa, cárcel para los saquea­dores del IHSS, no a la venta ilegal del país en las ZEDES etc. A partir de allí, incorporar muchos temas de interés de toda la clase, jerarquizados según la urgencia y la coyuntura. Hacemos un llamado un respetuoso a las bases de la Alianza y a todo aquel que desee lu­char contra las medidas del gobierno a construir una verdadera oposición en las calles y un verdadero partido revo­lucionario. 

Al consumarse el resultado que JOH ha venido elaborando desde la insti­tucionalidad del Estado, con los re­cursos de los hondureños, y toda la maquinaria fraudulenta que el bipar­tidismos desarrolló y perfeccionó en las décadas anteriores, las masas sal­drán a las calles a expresar su repudio y ojalá esta vez Manuel Zelaya no ac­túe de “apaga fuego” haciendo retro­ceder el nivel de conciencia de las ma­sas, como lo ha hecho en los últimos dos períodos, el pueblo tiene todo el derecho de decirle a todo el mundo que JOH no es su gobierno y que su política no es representativa de las ne­cesidades de la clase trabajadora, sino de quienes lo han puesto en el poder y del imperialismo.

El PST estará con los luchadores y luchadoras y no perderemos ni un minuto en denunciar las atrocidades del futuro gobierno, pero también de quienes lo han dejado gobernar por ocho años y todavía lo legitiman con una falsa oposición, cuyo discurso solo sirve para negociar cuotas de po­der a espaldas del pueblo.

Ante la pregunta ¿Quién debe gober­nar nuestro país? Respondemos que, no puede ser ninguna de las expresio­nes burguesas que están en contienda, porque todas presentan un programa capitalista, pro imperialista y burgués, es decir, representan muchos intere­ses, pero no los de la clase trabajadora. De manera que, la clase trabajadora no tiene por quién votar, para poder expresar nuestro repudio a las eleccio­nes estilo JOH, a sus participantes y a su carácter antidemocrático, propo­nemos votar NULO, ya que no votar nos ubica en una actitud pasiva en el actual proceso electoral.


Tegucigalpa a los 16 días del mes de noviembre de 2017.
Comité Central del Partido Socialis­ta de los Trabajadores, sección de la LIT-CI.