jueves, 15 de marzo de 2018

LA HUELGA DE LOS MANCHADOS: Ejemplo de resistencia obrera


Por: Ovet Córdova

 Una obrera y dirigente de la huelga me decía: “Nos llaman los manchados por las marcas que deja la fruta en nuestras manos y ropa”. Convivir de cerca con los trabajadores de las fincas bananeras me hace reflexionar que esa expresión discriminativa usada por los que “carnean” la huelga, reviste de un significado mayor: los manchados, como el compa Rafa, hombre que calza botas de hule; son los jornaleros que trabajan bajo el sol abrazante, los que sufren la explotación del patrón, mientras que los visten sus ropas limpias, son los que reciben los favores de los jefes y los amos.


Una rebelión encabezada por los trabajadores de base, contra la decisión arbitraria de la patronal y la traición del Comité Ejecutivo del SITRATERCO, permitió la generación de un movimiento huelguístico que supera los 70 días de dura resistencia contra la  transnacional de capital brasileño que pretende desmejorar drásticamente el servicio de salud de los obreros de las fincas de plátano y de paso despedir a lo mejor de la vanguardia obrera que está al frente de la lucha.

La Chiquita Brands Honduras que hasta hace unos años era llamada Tela Railroad Company, es la típica corporación imperialista, cuenta con plantaciones en 70 países y surte los mercados de los Estados Unidos y la Unión Europea, en materia de exportaciones esta industria representa aproximadamente 500 millones de dólares anuales para el país. Las tierras que posee son propiedad del Estado ya que la concesión que se le ofreció a inicio del siglo pasado caducó, y deben ser retribuidas al pueblo a través de la reforma agraria para el uso de los trabajadores que durante décadas las han cultivado y para los campesinos que no poseen tierra para trabajar.

Las transnacionales bananeras en Honduras


A inicio del siglo XX se estableció en la costa norte del país la producción tecnificada y a gran escala de banano para suplir el consumo de la fruta en los Estados Unidos, se instalaron diversas compañías de capital norteamericano que aprovechando la debilidad del desarrollo del Estado capitalista hondureño, el carácter semi-colonial de su economía basada en la producción agrícola; tomaron control del país respaldando a caidillos militares e instalando mediante golpes de Estado a gobernantes que servían expresamente a los intereses de las transnacionales, otorgándoles tremendas concesiones fiscales y de explotación de tierra y todo lo que había en su suelo -minas, ríos, bosque-. Las bananeras funcionaron bajo el modelo de economía de enclave, esto significa que el “desarrollo” que promulgaban los pensadores liberales de la época como Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, solo se podía admirar adentro de las tierras de las compañías y el producto de ese “desarrollo” era trasladado directamente al país de donde provenía el capital –Estados Unidos-. En Honduras solo quedó el saqueo de sus recursos naturales.

La vida de los trabajadores agrícolas de la época era un calvario o como diría Ramón Amaya Amador: una prisión verde. Ellos no conocían los días libres, pago por horas extras, vacaciones, sindicalización y derecho a la huelga; mucho menos indemnizaciones por accidentes, enfermedad o muerte. Eran maltratados constantemente por los capataces, perseguidos, arrestados o asesinados sin mayor justificación, si es que antes no morían a causa de envenenamiento por los pesticidas, de tuberculosis, paludismo o la mordedura de serpientes. El infierno vivido por los trabajadores los llevó a ser los protagonistas de la gran huelga de 1954. Más adelante, con el apoyo de las FFAA y terratenientes, las compañías bananeras respaldaron en 1964 el golpe de Estado al liberal Ramón Villeda Morales, con el fin de impedir que el campesinado lograse imponer la reforma agraria. El acto gorila del general Oswaldo López Arellano provocó el asesinato Lorenzo Zelaya, dirigente del PCH y fundador del pujante movimiento campesino hondureño. En 1975 el general López Arellano se vio obligado a salir intempestuosamente del poder por revelarse un escandaloso caso de corrupción más conocido como el “bananagate” al recibir de la United Brands Company un soborno de 2,5 millones de dólares a cambio de reducir el impuesto sobre la exportación de banano.

En épocas más recientes la industria del banano ha venido a la baja en Honduras por distintos factores especialmente el económico, la búsqueda de mano de obra barata y leyes laborales flexibles a favor de las corporaciones, así como, concesiones fiscales; permiten que las multinacionales migren a países donde pueden aumentar su tasa de ganancia y la tasa de explotación de la clase trabajadora. Los efectos del clima también son un aspecto relevante a señalar: debido a los daños ocasionados a los cultivos por la devastación que dejó el huracán Mitch en 1998, la producción se redujo drásticamente. En 2014, el banano era el segundo producto de exportación y había decrecido en un 40% con relación a 10 años atrás. Mientras que la pequeña burguesía bananera representada en la APROBANA, sostiene que el gremio de productores independientes perdió el 40% de las aéreas cultivadas.

Como se puede observar las compañías bananeras han estado fatídicamente muy vinculadas a la historia de Honduras y se han caracterizado por ser corporaciones mafiosas, responsables de crímenes contra nuestro pueblo que no deben ser olvidados.

Romper el aislamiento para vencer la política del gobierno y la patronal 

Esta lucha en desarrollo se encuentra ubicada en  las plantaciones de banano en el norte de Honduras, lugar en el que laboran 2 mil trabajadores distribuidos en 8 fincas, la gran mayoría de los empleados respaldan la lucha y rechazan el pacto firmado entre la empresa y el Comité Ejecutivo del sindicato. Los trabajadores desde la base impulsan una lucha que entre tantos enemigos, también enfrenta el aislamiento al no contar con el acompañamiento de las centrales obreras, sindicatos y del resto de la izquierda. Todo lo contrario ocurre con la transnacional frutera que goza del respaldo del régimen de JOH a través de las posiciones patronales del Ministro de Trabajo, el Ministerio Publico, las fuerzas represivas, la pequeña burguesía bananera, los medios corporativos de comunicación y la dirigencia traidora que integra el Comité Ejecutivo del SITRATERCO.

La lucha de los trabajadores campeños no es diferente de la del resto de la clase obrera hondureña. Para todos es de amplio conocimiento que la política del gobierno de JOH en materia de salud y empleo, por un lado; ha consistido en privatizar y desregularizar totalmente el acceso a la atención medica de calidad, por ese motivo descentralizó los hospitales públicos, saqueó al IHSS y ahora pretende privatizarlo mediante la Ley Marco de Seguridad Social -LMSS-. Mientras que en lo relativo a las condiciones laborales de los trabajadores, su política va orientada en desmejorar drásticamente los derechos fundamentales conquistados por la clase obrera desde la huelga de 1954. El plan 20/20 y la Ley de Empleo por Hora son contra-reformas laborales que convierten el trabajo en una relación de esclavitud. En el esquema de este gobierno patronal no caben garantías como el derecho a la permanencia, a la maternidad, vacaciones, a la sindicalización, a un salario digno y a la seguridad social. No se puede comprender este descomunal retroceso de los derechos de los trabajadores si no se entiende que en esa empresa están coludidos el régimen, los empresarios y las centrales obreras. Es por eso que reviste de importancia que la lucha de los trabajadores bananeros triunfe, porque sería un ejemplo de lucha, de resistencia obrera que abre la perspectiva de la necesidad de construir sindicatos y una central de trabajadores revolucionarios y democráticos.

Los trabajadores han resistido valientemente el acoso patronal y policial que se ha expresado en 98 despidos injustificados y 700 contratos suspendidos parcialmente. La fuerza pública también ha hecho su parte hostigando a los huelguistas y ejecutando un desalojo ilegal extremadamente violento que finalizó con trabajadores arrestados y lesionados. La policía y el ejército arremetió disparando bala viva y gas lacrimógeno contra los manifestantes. Los trabajadores solo han contado con la solidaridad de algunas organizaciones entre las que el PST se complace de ser parte. La fuerza de su lucha descansa en su obstinado deseo de justicia; para el día 55 de paro de labores el movimiento de huelga consiguió que la empresa dejara de exportar el 75% del producto, es decir; 3 millones de cajas de fruta, lo que representa alrededor de 400 millones de lempiras. Un duro golpe para la “Chiquita” como es conocida popularmente.

El desarrollo y la agudización del conflicto, ocasionó que el reclamo de los trabajadores que inicialmente consistía en impedir que se desmejore la atención de salud garantizada en la cláusula 13 del Contrato Colectivo halla pasado además a la exigencia por que se reintegre a los despedidos y suspendidos; y la recuperación del sindicato con el fin de construir una organización que represente los genuinos intereses de las bases.

Para conseguir la conquista de ese programa, los trabajadores deben de seguir su lucha a través del método que han empleado, acudiendo siempre a la democracia obrera, en consulta constante con la base y renegando como principio, de los acuerdos a espaldas de los trabajadores. También es urgente romper el aislamiento de la huelga, es por eso que desde el PST LIT-CI hacemos un llamado al movimiento obrero y popular para que acompañe militantemente esta lucha que no es exclusiva de los obreros bananeros; es una lucha de la clase trabajadora hondureña y su victoria será una conquista del conjunto de la clase

Partido Socialista de los Trabajadores
15 de marzo 2017